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Los compradores compulsivos son adictos a las compras. El comprar se convierte en un impulso muy placentero y la gente se rinde con facilidad ante estos impulsos. La persona que sufre este desorden se siente decaída cuando no está comprando o cuando no tiene un plan para hacerlo y extraña esa especial sensación de “éxtasis” que experimenta cuando anda de tiendas. Esta sensación o “éxtasis” dura poco y en general estas compras terminan en una ansiedad y tristeza, ya que estas personas al regresar a sus casa se dan cuenta de que sus compras no los hacen más felices. También, pueden experimentar arrepentimientos o culpabilidad por gastar el dinero en algo que no necesitan o porque cada día aumentan más sus deudas; estas personas frecuentemente gastan por encima de sus posibilidades. Por ser una adicción psicológica, sus efectos patológicos son similares a los del alcoholismo, las apuestas o la adicción al Internet. Las personas que la padecen no reconocen su problema y lo ocultan a sus familiares. La realidad es que esta adicción tiene serias consecuencias, como las demás adicciones, ya que puede llevar a deudas financieras serias o a un colapso de las relaciones familiares o en el trabajo. Hay dos factores que parecen aumentar los riesgos de las compras compulsivas: 1.- Un sistema de valores materialista, donde la persona le da mucha importancia a los bienes materiales para alcanzar sus metas importantes en la vida (mientras más costoso mejor). 2.- El concepto que tiene la persona de sí misma; el bajo nivel de autoestima o una pobre auto imagen. Cuando una persona se siente lejos de su ser “ideal” (como realmente quiere ser y no es) es más vulnerable a los problemas psicológicos. Se dice que alrededor del 80% de los compradores compulsivos son mujeres y la ropa es un punto importante en el foco de sus gastos, probablemente porque la moda está altamente relacionada con la auto imagen. Además, tradicionalmente las compras se ven como parte de la identidad femenina y no masculina. La mujer deprimida tiende a comprar más, ya que ir a las tiendas la distrae de su problema y le da la sensación de sentirse mejor, aunque sea temporalmente. También, cuando entramos a las tiendas o a los supermercado la mente cae en un estado de “ensoñación” y terminamos comprando más de lo que teníamos planeado. Tal estado es causado por el “bombardeo de la publicidad” (a través de la radio, periódicos, TV, etc.) Es una idea equivocada el pensar que comprar compulsivamente es un impulso reservado sólo para las personas de clases privilegiadas. El dinero es un modificador del estado de ánimo que actúa de igual manera en todas las clases sociales. Para evitar el gasto exagerado podemos: 1.- Planificar nuestras compras. Hacer una lista de alimentos, ropa, regalos, etc., y mantenernos dentro de los límites de dicha lista. 2.- Buscar y comparar los mejores precios. 3.- No exceder el presupuesto para los gastos y ajustarse a las posibilidades económicas de la familia. 4.- No endeudarse usando indiscriminadamente las tarjetas de crédito. 5.- Diversificar las compras, aprovechando las mejores ofertas del mercado. 6.- Estar adelantado con las compras de regalos, aprovechando las grandes ofertas que ocurren en los cambios de estaciones. 7.- No dejarse seducir por las campañas publicitarias o comerciales; pensar primero en las necesidades de la familia. Graciela G. Baugher, CCHt. 303- 775-9060. www.gracielabaugher.com.
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