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La esperanza es la plena certeza y convicción de que puedes y vas a lograr una meta. Con la esperanza aumentamos la seguridad de que las cosas pueden mejorar y que las podemos alcanzar. Detrás de cada esperanza existe un promesa y una actitud de optimismo o motivación. El optimismo es un estado de ánimo que da aliento, brío y confianza.
Cuando se cultiva la esperanza y el optimismo podemos derrotar la impotencia, la depresión y todo sentimiento de inutilidad y podemos asumir los fracasos como lecciones o experiencias de la vida cotidiana, por lo cual podemos ver siempre un futuro mejor.
Cuando la persona está deprimida puede perder la esperanza y el optimismo, y empieza a tener pensamientos angustiantes, negativos y autodestructivos respecto a sí misma, al mundo que la rodea y respecto al futuro que le espera. Estos pensamientos negativos y esta autoagresión no suelen ser totalmente conscientes y se producen en forma automática, sin intervención de la voluntad. Las personas deprimidas se consideran desgraciadas, débiles, frustradas, impotentes, rechazadas o castigadas y miran al futuro sin esperanzas.
Quienes sufren de depresión suelen tener una visión de la vida más negativa de lo que es en realidad. La depresión es una invalidez emocional que afecta el organismo, el ánimo, la manera de pensar y la visión del futuro. Las personas deprimidas suelen decir: “no veo ningún futuro”, “veo todo negro” o “me siento atrapado en un hueco del que no puedo salir”, etc. La imposibilidad de ver un futuro feliz o agradable lleva a la pérdida de la esperanza. Cuando la persona esta sufriendo depresión piensa que su problema o experiencia continuará indefinidamente y que surgirán otras situaciones mucho peores (no puede cambiar los pensamiento negativos por otros positivos, aunque sus familiares o amigos le digan que “le eche ganas” y que todo tiene solución).
La autoestima baja, la desconfianza y la inseguridad en sí mimo son otros factores importantes en la pérdida de la esperanza, ya que generan una gran sensación de angustia, soledad y desamparo. El deprimido tiende a pensar que es inútil e inadecuado y por lo general usa expresiones como “no valgo nada”, “no sirvo para nada”, “otros puede y yo no”, “no sé para qué estoy vivo”, “no tengo energía ni para vivir”, etc. Tiende a rechazarse a sí mismo porque no se acepta tal cual como es, cree que los demás no lo aceptan y que
lo rechazarán.
La esperanza es vital para tener una vida positiva, con propósito y sana; la depresión afecta la salud física y quien la sufre se puede relacionar con abusos de alcohol y drogas. Es importante entender que la depresión es una enfermedad real y que requiere tratamiento. Si usted o un familiar se siente triste, irritable, ansioso, resentido o con mucho coraje o ira, con desaliento en lugar de sentimientos de plenitud y satisfacción con la vida, busque ayuda con un profesional de la salud mental.
Tu vida cambia cuando tú cambias y eres el único responsable de ello.
Llena tu vida de esperanza y optimismo, mantén siempre una visión positiva de ti mismo, acéptate tal cual como eres (eres único y nadie es perfecto) y trabaja en tu autoestima. Perdona, ya que el perdón te libera del resentimiento y el rencor que te mantienen infeliz.
Sueña. “El futuro pertenece a aquellos que creen en la belleza de sus sueños”: Eleanor Roosevelt.
Graciela G. Baugher, CCHt. Fundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com

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