Nos enseñan desde niños que algún día encontraremos a otra persona con quien compartir nuestra vida y crear proyectos en común. De alguna manera nos programan desde muy pequeños a buscar pareja en el futuro como algo normal. También, es en la niñez donde nos dejamos influenciar por los cuentos de hadas y desde muy temprano deseamos encontrar un príncipe o princesa “azul” con quien viviremos para siempre “muy felices”. Pero la realidad es bastante lejana a estos cuentos llenos de fantasía e ilusiones que nos hacen soñar todo un mundo lleno de felicidad al encontrar la pareja ideal. No es raro encontrar parejas estables que aparentemente llevan una “vida normal”, pero que tienen muchos problemas, insatisfacciones o conflictos en la dinámica de la relación.
Muchos hombres se quejan y viven amargados porque la relación con su pareja ha perdido el entusiasmo y la magia del principio. Las mujeres por el otro lado lamentan que “las cosas no resultaron como ellas esperaban” y se sienten atrapadas en un compromiso, viviendo un vida en común insatisfactoria y sin perspectiva.
Elegimos o escogemos la pareja con el subconsciente; es decir, de una manera inconsciente, ya que el 95% de las cosas que escogemos las seleccionamos desde allí, porque es en esa parte de la mente donde está toda la información acerca de los gustos (gusto por algún color, formas, etc.). Allí están grabadas nuestras experiencia de vida, nuestra creencias, hábitos, patrones de conducta, emociones (lo que nos hace felices o tristes, la alegría, los miedos, etc.), la programación con que respondemos a las diversas experiencias de la vida cotidiana y se le considera la casa de la imaginación. También, en el subconsciente se encuentra el sistema nervioso involuntario, que produce gran afluencia de químicos que nos hacen sentir bien o enamorados.
Cada persona tiene su idea o creencia personal acerca de lo que es una buena pareja y es valido; todos somos únicos, con diferentes gustos y experiencias de vida. Pero podemos definir una “buena pareja” como la persona que, además de atraernos físicamente, nos respete, se comunique (que nuestros sentimientos y palabras sean entendidas por el otro), que tenga empatía (que pueda ver tu punto de vista sin criticar o juzgar, aunque no esté de acuerdo), que tenga intereses comunes (puedan compartir juntos) y que exista una atracción afectiva (relación armoniosa, cariño, que le importen tu bienestar, tu crecimiento, tu desarrollo, tu
independencia y felicidad.).
Las parejas duraderas tienen: - Buena comunicación; pueden expresarse lo que piensan o lo que sienten (inquietudes, proyectos, resuelven problemas juntos, etc.) - Saben escuchar, prestan atención y saben lo que quiere o necesita la pareja. - Son comprensivos o tienen empatía; pueden ponerse en el lugar del otro. - Muestran afecto, cariño físico y verbal. - Tienen libertad bien entendida, flexibilidad, independencia, colaboración. – Buscan su desarrollo personal, propia personalidad, madurez y desarrollo individual (no viven a la sobra del otro). – Poseen objetivos comunes, conexión espiritual, equilibrio en intereses (individuales y comunes). – Tienen vida social (individual o como pareja) y confianza mutua.
Graciela G. Baugher, CCHt. 303-775-9060 Cofundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. www.gracielabaugher.com