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Abuso Sexual en los Niños

Abuso Sexual en los Niños

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Toda acción o comportamiento de tipo sexual impuesto a un niño por un adulto o por una persona mayor que él es considerado abuso sexual. Algunas de su formas pueden ser mostrar o tocar genitales, acoso sexual, penetración sexual (violación o incesto), acoso verbal o hablar sobre tema obscenos, exposición visual o manipulación del menor con fines pornográficos, de la cual la víctima nunca es culpable. El motivo del ataque sexual no es el placer o satisfacción sexual; tiene que ver con control, dominio, poder y humillación.
El abusador usa el “sexo” como un arma en contra de la otra persona. El abuso sexual puede ser cometido por un desconocido, quien a través de la fuerza o terror somete al niño al acto abusivo. Por el otro lado, las estadísticas nos demuestran que en la mayoría de los casos el abusador suele ser una persona conocida por la familia (amigo, maestro, vecino, etc.) quien no sólo se ha ganado la confianza de los padres o cuidadores, sino del propio niño. También, el abuso puede ser cometido por un miembro directo de la familia, como el padre, la madre, los abuelos, primos, etc., con quien la víctima siente un profundo compromiso de afectividad, seguridad y lealtad. El abusador suele manipular, chantajear o amenazar a la víctima con la finalidad de que ésta no revele lo que está pasando y la convence de que lo hace porque la quiere mucho, o de que si habla desatará una crisis familiar.
Si el abusador es un adulto conocido y de confianza, el abuso no es un episodio aislado, sino un proceso que se desarrolla con el tiempo. En un comienzo el abusador manipula la confianza que el niño le tiene, lo seduce con regalos, premios o le muestra su preferencia con respecto a lo otros niños; luego lo incita a participar en actividades sexuales con formas de juegos o comportamientos normales que ocurren entre un adulto y un niño. El abusador garantiza que el niño guardará el secreto a través de amenazas y chantajes como: “si tu le cuentas esto a tu mamá le dará mucho dolor y se morirá de pena”, “ si dices algo le haré mucho daño a tu hermanito o a tu mamá”, “si alguien sabe esto me mandará a la cárcel y tú iras a un orfanato”, etc. Ya cuando el abuso sexual a ocurrido, el niño desarrolla una
variedad de pensamientos e ideas que lo angustian. No hay niño psicológicamente preparado para hacerle frente a los estímulos sexuales, se siente culpable y confundido por lo que le está sucediendo, sufre una fuerte estigmatización, se siente sucio, malo, impotente, siente falta de control y se vuelve ansioso y retraído. El niño que es víctima del abuso sexual prolongado, generalmente desarrolla una pérdida de su autoestima, tiene la sensación de que no vale nada y aprende una perspectiva errónea de lo que es la sexualidad. El niño puede volverse muy tímido, puede perder la confianza en todos los adultos, deprimirse y pensar en el suicidio. La mejor manera de proteger a nuestros hijos es previniéndoles. Es fundamental crear una relación cercana y de confianza para que puedan contarnos las cosas que les preocupan o les producen temor (manipulaciones o amenazas de otros, etc.). Además, es importante enseñarles a autoprotegerse a medida que van creciendo y explicarles que en el cuerpo hay zonas privadas, que no mostramos porque son íntimas y que nadie puede forzarlos a tocar o dejarse tocar sus partes íntimas, aunque sea un tío, abuelo, primo, hermano, etc.. También, dejarles saber que nadie los puede obligar a guardar un secreto y que siempre pueden confiar en sus padres si algo les ocurre.
Graciela G. Baugher, CCHt. 303- 775-9060. www.gracielabaugher.com

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