Quantcast
  elhispanonewspaper.com
elhispanonewspaper.com Febrero 10, 2012,
pixel
 
11px
11px
Búsqueda
web noticias videos fotos
yahoo
11px
11px
 
 
 
Columnas

Comparte esta columna enviar imprimir
interior 12
Digg this   Del.icio.us     Google   NetScape   Furl
tamaño Menos TextoMas Texto
“Trauma de Santuario”

“Trauma de Santuario”

<< Anterior | Siguiente >>

Por Graciela Baugher
Los soldados en la guerra son forzados a reprimir o negar sus emociones con el propósito de sobrevivir. La negación emocional (de emociones como miedo, terror o pánico, tristeza, inseguridad, etc.) funciona temporalmente para ayudar al soldado a sobrevivir en el campo de batalla. Por ejemplo: el soldado tiene que negar sus sentimientos cuando ve a sus amigos heridos, mutilados o muertos, o negar lo que siente cuando tiene que matar a otro ser humano o cuando tratan de matarlo a él, etc.. Toda esta represión emocional tiene más tarde consecuencias devastadoras retardadas, conocidas con el nombre de Síndrome de Estrés Retardado o Desorden de Estrés Postraumático.
Existe un trauma debido a la necesidad forzada de negar el impacto emocional de los eventos. El estrés causado por el trauma y el efecto de negar el trauma (negando una parte de sí mismo) sale eventualmente a la superficie en formas que pueden producir nuevos traumas, como son las pesadillas, ansiedad, ira o coraje incontrolado, abuso de alcohol y drogas, inhabilidad ante relaciones con la pareja o con otros, en el trabajo, etc., pudiendo llegar al homicidio o suicidio.
De igual manera, si como niños vivimos en un hogar de maltratos y violencia (abuso físico, verbal, mental, emocional o sexual) podemos experimentar una mutilación emocional, tortura mental, violación física y hasta “muerte espiritual”, perdiendo nuestra alegría y esperanzas. De alguna manera fuimos forzados a crecer negando la realidad de lo que estaba pasando en nuestros hogares. Fuimos forzados a negar nuestro sentimiento acerca de lo que estábamos experimentando, sintiendo y viviendo. Forzados, a la vez, a negarnos a nosotros mismos.
Crecimos teniendo que reprimir o negar la realidad emocional diaria, como por ejemplo: - Vivir con una madre o un padre alcohólico o adictos a drogas. - El abandono de uno de los padres o de ambos. - La depresión, la traición, la privación, desatención o negligencia. - El incesto. - La ira y las amenazas. - La tensión de ver a nuestros padres peleando con insultos o golpes. - El abuso de un padre sobre el otro. - Padre ausente por adicción al trabajo. - Madre asfixiándonos porque no tenía otra identidad mas que ser una madre frustrada. - El abuso que recibimos de uno de los padres, mientras el otro no nos defendía. - Etc. También, crecimos con mensajes como: - “Los niños grandes no lloran”. - “Las niñitas no
se enojan”. - Los niños deben ser vistos pero no escuchados. - No cometas errores ni hagas nada equivocado. - No hagas ruido, no corras. - Si te golpeas no llores, etc. - No está bien estar enojado con alguien a quien amas, especialmente tus padres o hermanos. - Etc. Vivimos en un medio donde nuestro ser fue descartado o despreciado, comparado, criticado o burlado; nuestras percepciones invalidadas y nuestros sentimientos ignorados.
En otras palabras, crecimos en medio de una “guerra” y no fue en un país desconocido ni en contra de un “enemigo”, ni por poco tiempo. Todo pasó en nuestro propio “hogar”, donde debemos sentirnos seguros y con nuestros padres a quienes amábamos y en quienes confiábamos. Experimentamos lo que es llamado “Trauma de Santuario”. Nuestro lugar más seguro no era seguro y las experiencias las vivimos casi diariamente, por muchos años.
Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. 303- 775-9060. www.gracielabaugher.com

<< Anterior | Siguiente >>

  enviar imprimir
interior 8px