Como referí en un artículo anterior, la fobia es un temor excesivo, irracional, persistente e identificable que se desencadena por la presencia o anticipación de un objeto o una situación específica. Los niños y los adolescentes que sufren una o más fobias experimentan una ansiedad fuerte y constante cunando están expuestos al objeto o situación específica. El temor identificado por el niño o el adolescente debe perdurar por lo menos seis meses para ser considerado una fobia, ya que es común que los infantes y adolescentes experimenten temores o miedos transitorios (como pasar cerca de un perro que está ladrando o gruñendo, escuchar un trueno, ver un relámpago, etc.).
La fobia es diferente, porque el miedo a ese algo es intenso y el temor no desaparece, sintiendo lo mismo cada vez que se está expuesto al objeto o a la situación, y tratando por todos los medio de evitar lo que le atemoriza. Entre las fobias más comunes se incluyen el temor a los animales (perros, arañas, culebras, etc.), las alturas (volar en aviones, la montaña rusa, etc.), al agua (albercas, lagos, el mar, etc.), espacios cerrados (elevadores, espacios muy pequeños, etc.), intervenir en clase (leer en voz alta, contestar preguntas, escribir en el pizarrón, etc.). El 9% de la población compuesta de niños y adolescentes sufre de fobias y las investigaciones indican que existen factores genéticos y ambientales que contribuyen a éstas.
Los tipos de fobias que se observan en niños y adolescentes son: - Fobia específica: cuando un objeto o situación específica se evita, porque viven una fuerte ansiedad o temor, al grado de interferir con la rutina o actividades normales. - Fobia social: temor a una o más situaciones públicas o sociales en un ambiente apropiado para la edad o con otros individuos del mismo grupo escolar (presentaciones frente a la clase, eventos deportivos, actuación o presentaciones musicales, etc.). - Mutismo selectivo: incapacidad de hablar en situaciones sociales específicas de niños o adolescentes. - Trastornos de pánico con o sin agorafobia (temor a los espacios abiertos). Estas fobias pueden generar periodos inesperados e imprevisibles de temor o malestar intenso acompañado de falta de aire, temblor, mareo, aturdimiento, descontrol o miedo a perder el control, aumento de la frecuencia cardiaca. Estos síntomas pueden alcanzar su punto máximo después de 10 minutos o pueden durar varias horas.
Cada niño o adolescente puede experimentar la fobia de una manera diferente, pero
los síntomas más frecuentes son: - Taquicardia (aumento de la frecuencia cardiaca). - Sudor. - Dificultad para respirar. - Estremecimiento o temblor. - Pérdida del control. -Aturdimiento. - Mareos. - Malestar estomacal. - Sensación de desmayo. - Escalofrío o calor. - Temor a morir. Cuando se presentan más de cuatro de los síntomas expuestos anteriormente, se le considera ataque de pánico.
Los padres que advierten signos de ansiedad severa en sus hijos deben buscar ayuda profesional en la salud mental, para evaluación y tratamiento del niño. El diagnóstico y tratamiento precoz puede prevenir problemas mayores en el futuro. Hasta el momento no se conocen medidas preventivas que permitan reducir la incidencia de las fobias en los adolescentes.
Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. 303-775-9060. www.gracielabaugher.com