Cuando tenemos baja nuestra autoestima, de alguna manera nos autorrechazamos y no nos aceptamos. Si nos rechazamos nos juzgamos o nos criticamos constantemente. Si somos juzgados con bastante frecuencia cuando éramos niños (por ejemplo: “eres menso”, “eres gorda o flaca, nadie te va a querer”, “eres burro”, “tienes las orejas grandes”, “no eres lo suficiente bueno para …”, etc.), hay una gran posibilidad de que asumiremos esos juicios como verdaderos y los repetiremos en nuestra mente a través de la voz de nuestro juez interior por el resto de nuestra vida. También cuando fuimos corregidos o disciplinados, frecuentemente creímos que como personas éramos malos, defectuosos, rechazados, etc. En tales experiencias se basa también el juez interno.
Si nos autojuzgamos, nuestra mente criticona ha suplantado la voz de un padre criticón, un hermano, un amigo, figura autoritaria u otra persona significativa (normalmente en la infancia). Esta voz está dentro de nosotros y estamos tan acostumbrados a ella que ni siquiera la escuchamos, y luego nos preguntamos por qué no nos sentimos tan bien. La mente criticona puede afectar cualquier área de nuestra vida y por largos periodos de tiempo.
Cuando nos rechazamos, con frecuencia nos convertimos en nuestro peor enemigo y crítico, porque quizás nuestros padres nos hayan tratado mal, pero nosotros somos crueles con nosotros mismos. El autoaborrecimiento es una emoción poderosa que se puede convertir en nuestro propio infierno personal creando adicciones, obsesiones, compulsiones, ansiedad o estrés, depresión, relaciones violentas, enfermedades, etc.
Existen varios factores principales que determinan qué tan fuerte te rechazarás o criticarás a ti mismo: - El grado en que tus padres fracasaron en establecer la diferencia entre tu identidad y tu comportamiento. Hay una gran diferencia entre lo que “somos” (identidad) y lo que “hacemos” (comportamiento). El juez interno criticará tanto tu comportamiento como tu identidad y te dirá que no eres bueno, que siempre fracasas, etc. - Siempre que los padres acusen de mala moral porque el niño falló en su desempeño, o tengan preferencias personales hacia su hermano o hermana, etc. trae como consecuencia la devaluación del niño. - Frecuentes mensajes negativos, como “¿qué pasa contigo?, no haces nada bien”, “¿eres estupida?”, etc. (tarde o temprano estos mensajes penetrarán en tu mente y te autocriticarás en el futuro). - Falta de consistencia en la disciplina (reglas). Esto confunde al niño. Ejemplo: si el padre está cansado y no refuerza o hay variaciones en las reglas,
el niño piensa que es castigado por quien es y no por lo que hizo. - Rechazo de los padres: si rechazan al niño retirándose, ignorándolo, enojándose por periodos muy largos, etc., esto puede hacer mucho daño a la autoestima. El niño no se siente valioso ni digno de ser amado. - La comparación, la crítica, la burla y el desprecio son las fuentes principales de la autodevaluación. - El abuso verbal, físico, emocional o sexual deja heridas emocionales profundas que influirán tremendamente en los niveles de autoestima. Si se juzga a usted mismo, usted JUZGARA a otros. Si usted JUZGA a otros, usted se juzga a sí mismo.
Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de la Alianza por la Salud de los Hispanos. 303- 775-9060. www.gracielabaugher.com.