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El poder personal es la capacidad o energía que posee todo ser humano, con la que logra o puede lograr eficazmente sus metas, por medio del empeño y el esfuerzo físico, mental y espiritual. Toda persona posee un poder interior o personal, aunque se sienta inútil o débil, debido a sus limitaciones o estancamiento de su ego (nuestro yo herido). Creamos nuestro ego en nuestro intento de protegernos de las pérdidas que tenemos especialmente en nuestra infancia o niñez: pérdida del ser, pérdida de la seguridad, pérdida de las apariencias, etc. Si cuando éramos niños no obteníamos el amor, cariño y atención que necesitábamos de nuestros padres, familiares o personas encargadas de nuestra crianza, decidimos que nuestro verdadero ser no merecía ser amado y creamos un “falso yo” en el intento de sentirnos seguros. Nuestro ego fue aprendiendo cómo sentirse seguro y protegido a través de intentar controlar a los demás, controlar las consecuencias de las cosas, así como el control sobre cómo la gente nos ve y sobre lo que sienten acerca de nosotros. En otras palabras, la base del ego es el deseo de control, el poder sobre las otras personas y sobre las consecuencias, para sentirse seguro. El control puede darte una sensación momentánea o temporal de seguridad, pero nunca puede darte la profunda sensación de seguridad que proviene del reconocimiento de tu valor interno o intrínseco, del valor de tu ser (lo que realmente eres), del valor de tu alma. Si tu valor personal, la confianza en ti mismo y tu seguridad son regidos por factores externos o temporales, como tu imagen, el dinero que tienes, la autoridad o poder sobre otras personas, tu rendimiento físico, etc., te harán sentir insatisfecho y angustiado. Nos sentimos angustiados o preocupados cuando ligamos nuestra felicidad y valor personal a cosas o situaciones temporales, en vez de ligarlas a cualidades internas y eternas como la compasión, el amor, el cuidado, la amabilidad, la caridad, etc. Asómate a tu interior para ver quién realmente eres y lo que quieres en la vida. A veces hay que realizar un profundo trabajo interior para sanar las emociones negativas como el miedo, temor, resentimientos o rencor, odios, vergüenza, coraje, ira, timidez, ansiedad, inseguridad, etc.; resolver los conflictos o traumas no resueltos, curar las falsas creencias aprendidas en la niñez y aceptarnos tal cual como somos. Para cambiar las condiciones externas es necesario cambiar primero lo interno, ya que el cambio duradero debe darse a un nivel mental (pensamientos, creencias, valores) y emocional. La mente es el poder más grande que tenemos, el estado de nuestro pensamiento determina nuestras vidas. La vida cambia cuando cambiamos nuestros pensamientos y creencias. Entrena tu mente para que genere pensamientos positivos de prosperidad, felicidad, paz, salud, éxito, etc. Descarta los pensamientos que producen temor, preocupación o miedos. El miedo disminuye nuestro poder personal (miedo al rechazo, miedo al fracaso, miedo a la burla, miedo a equivocarnos, etc.) y limita demasiado a la acción (“actuar para que las cosas sucedan”). Todos tenemos el poder y la capacidad de crear para nosotros aquello que queremos. Tenemos el potencial para desarrollarnos plenamente, sin límites; tenemos la capacidad de transformar todo lo que se nos presenta y tenemos siempre la posibilidad de elegir o tener opciones. Si necesita elevar su autoestima, resolver conflictos emocionales o traumas, busque ayuda con un profesional de la salud mental. Graciela G. Baugher, CCHt. Cofundadora y miembro de la Alianza por la Educación y Salud de los Hispanos. 303-775- 9060. www.gracielabaugher.com
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