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Leí cuidadosamente desde el lunes el discurso que daría al día siguiente el presidente Obama a estudiantes del país. Jamás he ocultado mis desacuerdos con don Barack, pero después de leer su mensaje y confirmar lo que sospechaba: que no serían más que buenos consejos para los alumnos, no me quedó duda alguna de que aquellos padres que no permitirían que sus hijos asistieran a clases el martes, y las escuelas que optaron por no transmitir el “speech”, estaban cometiendo un grave error y actuando irresponsablemente. El discurso fue inspirante. Yo le garantizo que si sus hijos tuvieron la oportunidad de escuchar al presidente, llegaron el martes a casa muy entusiasmados y, en lo absoluto, con ganas de impulsar la opción pública en la reforma sanitaria… “Toma la responsabilidad de tu educación. Presta atención en clase. No dejes que los fracasos definan tu futuro”, fue el enfoque del mensaje. ¿Dígame qué tienen de malo esos consejos? Algunas personas, sin embargo, no son capaces de poner a un lado sus diferencias políticas o ideológicas con el mandatario y decidieron negarles a sus hijos la oportunidad de sentirse lo suficientemente importantes como para que el mismo presidente de la nación solicitara su ayuda. “Necesitamos que cada uno de ustedes desarrolle sus talentos, habilidades e intelecto para que nos ayuden a resolver nuestros problemas más difíciles”, les pidió el presidente. Sé que mientras hablaba don Barack, muchos de los estudiantes quizá sólo pensaban en la hora del recreo, pero créame que algo se les ha de haber quedado, y si hoy en día no aprecian el discurso, ya lo harán en el futuro. Creo que la última vez que Obama habló ante estudiantes fue cuando, como candidato, se aventó la puntada de compartir que fue un estudiante “bolsón” y que además consumía alcohol y drogas. Yo fui el primero en criticarlo, porque de una u otra manera lo que le dijo a la juventud en ese entonces fue que aun sin mucho esfuerzo y pasándosela en la pachanga, alucinando, uno puede llegar muy lejos. En esta ocasión, sin embargo, inteligentemente se limitó a reconocer que, como todos, cometió errores en sus días de estudiante, pero sin entrar en detalles. Por otro lado, al menos que haya dejado de leer el teleprompter, lo cual realmente dudo, en el discurso no se mencionó para nada su agenda política o se intentó promover e impulsar sus iniciativas o adoctrinar a los jóvenes. Es posible que la verdadera intención de la Casa Blanca haya sido buscar que la popularidad e índices de aprobación del presidente mejoraran un poquito. Es probable que todo fuera un plan con maña para distraer al pueblo e impedir que la noticia en boca de todos sea que el desempleo se acerca al 10 por ciento, o el nombramiento de un nuevo zar. De cualquier manera, y sea cual haya sido la razón, por primera vez el presidente de Estados Unidos se dirigió única y exclusivamente a los jóvenes estudiantes de nuestro país con un mensaje positivo y alentador, lo que, en mi opinión, por sí solo es de aplaudirse. saboreandolanoticia@yahoo.com (Ver Pág. 3-B)
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