Quantcast
  elhispanonewspaper.com
elhispanonewspaper.com Mayo 22, 2012,
pixel
 
11px
11px
Búsqueda
web noticias videos fotos
yahoo
11px
11px
 
 
 
Columnas

Comparte esta columna enviar imprimir
interior 12
Digg this   Del.icio.us     Google   NetScape   Furl
tamaño Menos TextoMas Texto

Roberto Martinez
Saboreando la Noticia

<< Anterior | Siguiente >>

Pocos son los estudiantes universitarios estadounidenses capaces de responder cuál es la capital de Perú o el nombre de la moneda japonesa y, aun así, este país continúa siendo la auténtica gran potencia económica.

Después de romperme la cabeza tratando de comprender lo que parece incomprensible, llegué a la conclusión, respaldada por lo que una vez más confirmé en mi último viaje a México, de que la razón es que en Estados Unidos son muy “chichos” para eso de los recursos humanos.

Aclaro, desde ahorita, que estoy haciendo una simple observación basada en el poco sentido común que Dios me ha dado, y que en lo absoluto pretendo presentar un análisis económico, porque de economía sé tanto como de neurocirugía.

Sin embargo, no es difícil darse cuenta de que en países como mi querido México, por ejemplo, los gobiernos, sobre todo, prefieren alzarse el cuello diciendo que ofrecen muchos empleos sin importar que lo que pagan por éstos sea una miseria.

En Estados Unidos, por el contrario, se contrata al personal necesario para desempeñar cierta labor y, por consiguiente, el trabajo ofrecido es mucho mejor remunerado.

No hay mejor ejemplo para ilustrar mi observación que lo que vemos en los aeropuertos mexicanos. Tan pronto descendemos del avión, nos topamos con entre cinco y diez personas uniformadas paradas en el túnel haciendo absolutamente nada. En la sala de migración y aduanas hay otros diez, también na’más “checando” al pasaje, y como seis o siete con recogedor y escoba en mano en un área, pues no muy grande que digamos. Ya a la salida del aeropuerto es cuando está lo mejor. En las casetas de seguridad, de tres por tres metros, podemos observar como mínimo a tres o cuatro policías que, además, han de haber sido quienes les dijeron a los otros dos “polis”, seguramente también asignados al mismo puesto, que era su turno de irse a recostar al pastito, pues de lo contrario estarían muy apretujados los cinco o seis en la casetita.

Es obvio que todos y cada uno de estos 30 ó 35 empleados ganan una ridiculez, precisamente porque son muchos desempeñando labores para las que se necesitan cuando mucho diez personas. México y el resto de los países en los que sus gobiernos se sienten obligados a generar empleo deberían mirar hacia este lado. En el DIA, por ejemplo, sólo hacen falta una o
dos personas con recogedor y escoba en mano para limpiar toda el área de migración y aduana. De esta manera, ambos ganan relativamente lo suficiente para no sólo darle de comer y vestir a su familia, sino de vez en cuando salir a pasear o de compras. De esta manera, estos dos trabajadores auténticamente contribuyen al estímulo económico, lo que permite que, a final de cuentas, se ofrezcan más empleos y se repita el mismo ciclo. Dudo que alguno de mis 35 amigos que trabajan en el aeropuerto mexicano pueda darse el lujo de salir seguido a comer a restaurantes o meterse a un “mall”, aun teniendo chamba.

<< Anterior | Siguiente >>

  enviar imprimir
interior 8px
 
Galerías