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Gracia de Dios o meras coincidencias. Pues como cristiano estoy convencido de que la voluntad de Dios es perfecta, y si los Broncos de Denver, guiados por Tim Tebow, le propinaron una buena derrota a los Acereros de Pittsburgh fue porque Dios así los dispuso. Pero el resto de los datos y estadísticas que han surgido tras la emocionante victoria de Denver en tiempo extra el domingo pasado tienen que ser meras coincidencias, ¿no? Usted decida: Poco antes de que comenzara el encuentro apareció un halo sobre el estadio Sports Authority Field at Mile High. ¡Serio! Ahí arribita, en el cielo azul, un halo perfecto. Es más, si quiere ver la foto búsquela en lalistaderoberto.com. La explicación que dan los “incrédulos” a este extraordinario fenómeno es que los poderosos F-16 que surcaron el cielo minutos antes fueron los responsables. Sin embargo, ¿cuántas veces hemos visto a estas impresionantes naves supersónicas en eventos deportivos volar en formación justo cuando se canta la estrofa del himno “Land of the free and home of the brave” sin dejar rastro alguno? Otras coincidencias, o quizá lo que sin duda demostraría que el joven mariscal de campo de Denver vaya que tiene buenas conexiones en el cielo, fueron las yardas que ganó por aire, el número de pases que completó y, un dato nuevo, pero igual de sorprendente, el cálculo de la audiencia durante los últimos 15 minutos del encuentro. El pasaje bíblico favorito de Tebow es Juan 3:16, que dice: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su hijo unigénito para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna”. De hecho, durante su paso por el futbol colegial en la Universidad de Miami, el joven quarterback, de 24 años, pintaba este pasaje en la tirita negra que los jugadores suelen pegarse debajo de los ojos. Pues como seguramente ya sabe, Tebow lanzó un increíble total de 316 yardas en 10 pases, lo que promedia 31.6 yardas por pase. Y sobre el dato de la audiencia en el último cuarto del partido, según informes fue un “share” de 31.6, lo que significa que de toda la gente que se calcula estaba viendo la tele en ese momento, 31.6 por ciento estaba viendo cómo Tebow hacía llorar a mi cuñado y gerente de ventas de EL HISPANO, Rodrigo Chávez, y a uno que otro más de esos en Denver a los que les gusta agitar la dizque “terrible toallita” amarilla. Esta semana Tim Tebow volvió a estar en boca de todos. Pero lamentablemente, para variar muchos de los comentarios son burlones. Critican su religiosidad y hasta lo ridiculizan por ser un hombre que no se avergüenza de su fe. Lo triste es que mientras los Broncos sigan ganando, Tebow continuará en la mira de los burlones porque, después de todo, es un hombre de bien. Ah, porque si fuera como muchos otros en la NFL y otras ligas profesionales, o sea alguien que cada rato tiene problemas con la ley, lo pillan conduciendo ebrio, lo acusan de posesión de drogas o armas de fuego, de haber golpeado a su mujer o de pelear perros, igual y lo dejarían en paz, pues al parecer eso es lo que se espera de deportistas ricos y famosos.
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