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Lo más probable es que no me lo crea, pero cuando la semana pasada hice la breve observación de que un candidato como Ron Paul podría dar la sorpresa en Iowa, la verdad es que originalmente había escrito el nombre de Rick Santorum. En aquel momento obviamente me dejé influenciar por las últimas encuestas y la opinión de expertos, y “pos” hoy no puedo presumirle de mi habilidad para predecir resultados políticos. Ni hablar. Sé que Paul terminó en tercer lugar, pero sin duda Santorum fue la gran sorpresa al quedar prácticamente empatado con Mitt Romney, a pesar de que éste último se alzó triunfador por ocho votos. Y sí, escuchó bien, apenas ocho votos, lo que supongo demuestra que quien dijera la choteada frase de “cada voto cuenta”, después de todo tenía razón. Santorum, ex senador por Pennsylvania, recorrió los 99 condados de Iowa en una camioneta pick-up y sostuvo más de 300 audiencias públicas. El martes, su arduo trabajo le dio frutos, a pesar de haber gastado una mínima parte de lo que invirtió Romney en avisos publicitarios y en organización de campaña. Pero quizá lo que le permitió arrancar este ciclo electoral con el pie derecho es su habilidad de conectar emocionalmente con la gente, tal y como quedó constatado en el discurso que ofreció ya entrada la madrugada del miércoles. A diferencia de Michelle Bachmann, quien salió desinflada tras un embarazoso sexto lugar, y debió leer cada palabra que pronunció en su triste “speech”, Santorum habló desde el corazón ofreciendo antes que nada un agradecimiento público a Dios, para después compartir la travesía de su abuelo en busca de libertad. (Bachmann, por cierto, anunció que se retiraba de la contienda como se informa en la nota principal). En su discurso de agradecimiento, Santorum no atacó a sus rivales, como lo hiciera Newt Gingrich, quien desde un cuarto lugar recordó que para él Mitt Romney no es un auténtico conservador, sino un “moderado de Massachussetts”, o sobre lo peligroso que sería para el país tener a un presidente como Ron Paul, quien estaría de acuerdo en que Irán se haga de una bomba nuclear. Santorum, por el contrario, habló de las manos de su abuelo. Mi abuelo, dijo, escapó de las garras de Mussolini y llegó a Pennsylvania para trabajar en una mina de carbón. Cuando murió, recordó Santorum, mientras yacía tendido en su lecho de muerte me llamaron la atención sus enormes manos. “Esas manos escarbaron para hacerme libre”, señaló un emotivo Santorum, quien con la historia de su abuelo muy hábilmente marcó las diferencias entre un gobierno que le abriría y ofrecería oportunidades de trabajo a su pueblo a través de desregulaciones y recortes impositivos, y otro, como el de Barack Obama, que anima a la gente, dijo, a depender del gobierno y sus gobernantes. Por otro lado, Santorum, un católico devoto, demostró una vez más la importancia del voto evangélico, para el que los temas sociales, como el rechazo al aborto o al matrimonio homosexual, son prioridad. El miércoles, el padre de siete, incluyendo una niña incapacitada, se comparó con Rocky Balboa y, como el legendario boxeador ficticio de Filadelfia, ahora enfrenta serios retos. El próximo será en New Hampshire, donde los republicanos, e independientes que podrán votar en las primarias del martes 10 de enero, no se caracterizan por ser socialmente conservadores o muy religiosos, sino por su preocupación por el estado de la economía. Sobre el resto de los contendientes, Rick Perry terminó en quinto lugar y el martes anunció que regresaría a Austin, Texas a estudiar su próximo movimiento. Hasta el cierre de esta edición, aun permanecía en la contienda. Por su parte, Jon Hunstman, quien ignoró por completo Iowa, donde recibió apenas el uno por ciento de los votos, espera convertirse en el Santorum de New Hampshire. Y por último, como dato meramente curioso, Herman Cain, quien se retiró de la contienda hace semanas tras ser acusado de varias imprudencias sexuales, recibió 58 votos.
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