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Lo que la Guerra nos Dejó

Lo que la Guerra nos Dejó

Roberto Martinez
Saboreando la Noticia

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Preguntar qué se ganó con la guerra en Irak equivale a preguntar cuántos niños no se ahogaron porque se tapó un pozo.
La pregunta es válida, pero en realidad jamás sabremos qué habría ocurrido en el mundo si no entran tropas estadounidenses a Bagdad hace casi nueve años.
Por ello, mejor pensemos en lo que no ha pasado. Desde aquel espantoso 11 de septiembre de 2001 Estados Unidos no ha vuelto a ser atacado y, la verdad, es que más allá de la monserga que es cruzar seguridad en aeropuertos, quienes vivimos en este país nos hemos sentido seguros y en paz, o al menos así lo aparentamos. Si el hecho de que nuestras vidas no se han visto trastornadas fue gracias a que se derrocó a tiempo a un dictador como Sadam Hussein y no nos esperamos a que la naturaleza se encargara de él como lo hizo esta semana con Mr. Jon IL, me atrevo a decir que la intervención valió la pena.
Barack Obama se ha ido por la vía fácil al decir que será la historia la que se encargará de juzgar si fue buena o mala la decisión de invadir Irak aquel 20 de marzo de 2003. Yo, sin embargo, cómo no entiendo cómo la historia logrará determinar tal cosa, me dedicaré a vivir por siempre agradecido con Dios, antes que nada, pero también con los más de 4 mil valientes hombres y mujeres estadounidenses y miles más de otras naciones, incluyendo Iraquíes, que dieron su vida para que yo pudiera vivir tranquilo por los últimos años.
A diferencia de lo que opinan muchos, incluyendo aparentemente a nuestro presidente, yo estoy convencido de que su sacrificio no fue en vano.
¡Que Dios bendiga a esta nación, a nuestros militares y a sus familias!
* * *
Cuando 36 millones de personas tienen algo en común, evidentemente por tratarse de un grupo tan grande es precisamente ese algo lo único que pueden tener en común.
Le explico: El Instituto Cervantes de Chicago publicó recientemente el resultado de un estudio en el que subraya los beneficios de hablar inglés y español en Estados Unidos. Pero el dato que a mí más me llamó la atención fue el que indica que en este país ya habemos 36 millones de habitantes capaces de leer esta columna.
Pese a ello, debido a la ignorancia que reina dentro de la política, la sociedad estadounidense y,
sí, no quito el dedo del renglón, en los medios de comunicación en español, seguimos siendo pintados todos con la misma brocha; puestos, los 36 millones, dentro de un mismo bloque o en una misma categoría, a pesar de que, como ya subrayé, tenemos una sola cosa en común.
Piense en esto: si hay países enteros con una población mucho menor a los 36 millones de habitantes, y si en esas naciones hay gente tan diferente entre sí, ¿por qué la insistencia en creer que todos los que hablamos español en Estados Unidos somos iguales?
Mire, aun cuando estos 36 millones tenemos en común que hablamos la lengua de Cervantes, la primera gran diferencia es nuestro acento. Y así como nuestros acentos son distintos, también lo son tradiciones, costumbres, valores, gustos, intereses y hasta cultura, entre muchas cosas más.
Entre tanta gente, obligadamente hay a quienes les gusta más el futbol americano que el futbol soccer, prefieren las películas de Hollywood a las de los hermanos Almada, disfrutan más las hamburguesas que las tortas, bailan mejor Hip-Hop que la salsa o el pasito duranguense y en su carro escuchan más la música del Top 40 que la ranchera o Saboreando la Noticia más que, cuando lo ponen de relleno, el programa de Joaquín López-Dóriga.
No acuse a esta gente de malinchista o creída. Mejor recuerde lo que dicen: en gustos se rompen géneros y más entre casi 40 millones de personas.

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