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Ahora que Newt Gingrich se ha colocado en la cima de los precandidatos republicanos a la presidencia, curiosamente son miembros de su mismo partido quienes parecen estar más preocupados. Pero no porque crean que sea incapaz de ser buen presidente o de darle solución a los serios problemas que enfrenta el país, sino porque no están seguros de que su postulación beneficiaría al partido republicano o a la causa conservadora. ¿Qué? ¿Acaso los republicanos estarán aceptando que el país y la gente les valen sombrilla? Aparentemente sí. Después de leer la opinión que tienen de Gingrich el representante Steve LaTourette, el senador Pat Roberts y el mismo Mitt Romney, su principal rival en este ciclo electoral, me quedó claro que para más de un republicano es más importante proteger la ideología, causa y plataforma de su partido que al mismo país. En estos tiempos de crisis ser republicano o demócrata, liberal o conservador, no debería influir tanto, ya que sin importar nuestra filosofía o inclinación política todos estamos a bordo de un barco que se está hundiendo poco a poco. Aquellos que cuestionan las credenciales conservadoras de Gingrich no merecen el honor de hacerse llamar representantes del pueblo, ya que si lo que pretenden es sólo impulsar su causa o promover su partido, mejor sería renunciar como servidor público y pedir chamba en el Comité Nacional Republicano. No debería preocuparles mucho si Gingrich se ha divorciado dos veces, si le debe dinero a la tienda Tiffany’s, si cobró millones a Fanny Mae y Freddie Mac cuando trabajaba en el sector privado, si grabó un comercial con Nancy Pelosi sobre el calentamiento global o si ahora demuestra sentido común cuando habla del tema migratorio, entre muchos otros ejemplos. Lo que cuenta es si el señor tiene la fórmula para sacar al país del bache en el que está metido. Si Gingrich pone a un lado su conservadurismo para resolver problemas; si en lugar del viejo Newt ahora se hace llamar “New” Gingrich, bien por él y aún mejor para la nación. * * * Lowe’s, como cualquier otra compañía privada, tiene el derecho y la libertad de anunciarse donde se le pegue la gana. Si la cadena de artículos para el hogar y materiales de construcción decide retirar su publicidad de un programa sobre familias musulmanas, es su problema. Ningún político tiene por qué promover un boicot contra la tienda. Ya seremos nosotros, los consumidores, quienes decidiremos si seguimos comprando martillos en Lowe’s o no. Que conste que no estoy defendiendo a Lowe’s por retirar sus anuncios del programa “American Muslims” de la cadena TLC; lo que defiendo, y defenderé siempre, es su derecho a hacerlo. En cuanto al senador de California Ted Lieu, quien convocó al boicot contra la tienda, le recuerdo que vivimos en el país de las libertades, derechos y garantías individuales, y no en un país en el que el gobierno le puede decir a una empresa donde anunciarse o a nosotros donde comprar.
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