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Ni porque le pusieron la palabra “Súper” sirvió de algo. El “Súper Comité” encargado de presentar la mejor manera de reducir el déficit en $1.2 billones de dólares se dio por vencido y ahora la bronca es que a partir de 2013 entrarán automáticamente en efecto recortes domésticos y de defensa, ya que una ley aprobada en agosto dice que tales reducciones se aplican porque con ellas se reducen mínimo esos 1.2 millones de millones de dólares del gasto público. Pero como típicos políticos, sin urgencia alguna, nuestros 12 “súper héroes” anunciaron el lunes, dos días antes de la fecha límite para que presentaran su plan, que no llegarían a ningún acuerdo bipartidista porque los demócratas, acusan los republicanos, insisten en que la solución es cobrarle más impuestos a los ricos, mientras que los republicanos, acusan los demócratas, insisten en que para balancear el presupuesto hay que ahorrarse dinero recortando programas sociales. El caso es que, como le decía, de que se van a eliminar se van a eliminar los 1.2 billones de dólares del gasto público, y a ver si ahora sí le entra la urgencia al Congreso. Y es que los sablazos al Medicare, por dar un ejemplo de un recorte doméstico, significa que se les pagaría menos a hospitales y médicos por atender a pacientes inscritos a este programa gubernamental de salud, poniendo en riesgo la atención médica de millones de estadounidenses porque pocos doctores los querrán atender, mientras que los recortes al departamento de defensa tienen al pobre del secretario Leon Panetta con el corazón en la mano, por razones más que obvias. Mire, yo no sé si nuestros experimentados “súper amigos”, seis demócratas y seis republicanos, simplemente tiraron la toalla porque sus mentes estaban desde ya puestas en el pavo que cenarían el jueves, o si de verdad les fue imposible llegar, como dicen por aquí, a un “happy medium”. Lo triste es que mientras ellos estarán disfrutando de una deliciosa cena del Día de Acción de Gracias, la mayoría del país continuará tronándose los dedos por la incertidumbre que da el no saber si exactamente el próximo año habrá para volver a cenar pavito, o si habrá que conformarse con un escuálido pollo asado del Pollo Loco. * * * Difícilmente la comunidad hispana llegará a tener un lugar prominente dentro de la sociedad estadounidense mientras nosotros mismos, los hispanos, continuemos subestimando a nuestra misma gente. Los gringos, para que me entiendan, tienen esta idea equivocada de que los hispanos tenemos otros gustos, intereses y necesidades. Pero los hispanos, para acabarla de amolar, tenemos además la triste idea de que estamos hasta abajo de la escala social. Le doy un ejemplo: si visito un restaurante italiano para que se anuncie en español en EL HISPANO, la respuesta del gerente probablemente sería ¿para qué?, si los mexicanos, dicen para colmo, no’más comen tacos y burritos. Obviamente el gerente de este restaurante italiano es un ignorante. Pero qué decir de nosotros cuando el otro día le ofrecí a un negocio hispano de limpieza que se hiciera miembro de mi lista de recomendados, y el dueño se negó dándome una de las razones que más odio: “Pa’qué, si los hispanos no contratamos esos servicios”. ¡Caramba! Y luego nos preguntamos por qué no avanzamos. Me da pena saber que estamos convencidos de que nacimos para ser los que limpiamos y no los que contratamos a alguien para que nos limpie. Con razón después, cuando se argumenta la necesidad de una reforma migratoria, salen con la tontería de “¿quiénes van a desempeñar los trabajos sucios que ni los negros quieren”, como alguna vez preguntó un no muy brillante presidente mexicano. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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