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Desde el lunes y hasta este viernes se lleva a cabo lo que oficialmente se conoce como “La Semana de Derechos Laborales 2011”, o la SDL, por aquello de que hay que adaptarse a como se hacen las cosas por acá. El caso es que la SDL es una iniciativa que se realiza en torno al día del trabajo en Estados Unidos y que tiene como objetivo mejorar el conocimiento de los derechos laborales de la comunidad latina, así como informar sobre las dependencias a las cuales se puede acudir en caso de alguna violación a dichos derechos. Por cierto, este año la SDL se enfocará en el tema: “Las mujeres en el trabajo”, y el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, o IME, informó que, además de los 50 consulados de México en Estados Unidos, participarán en la ya tercera Semana de Derechos Laborales consulados de El Salvador, Nicaragua, Honduras, Guatemala, República Dominicana y Costa Rica. Mire, el plan, la idea, el objetivo o como le quiera usted llamar al propósito de esta semana, es muy bueno. Sin duda la gente trabajadora, sin importar incluso cuál sea su situación migratoria, debe saber sobre sus derechos y garantías; sobre cómo denunciar un acoso sexual o cómo presentar una queja ante la Administración para la Salud y la Seguridad Ocupacional, u OSHA, o ante la división de horas y salarios. Me encanta la idea de que se les explique a los trabajadores inmigrantes sobre su derecho a un área de trabajo segura; compensaciones por lesiones en el trabajo; el derecho al salario mínimo y tiempo extra; el derecho a no ser discriminado; el derecho a acciones colectivas y los servicios de asistencia que proveen sus respectivos consulados. Sin embargo, lo que más me gustaría es que estos derechos existieran en nuestros países de origen. Mucha pena y hasta algo de risa me dio la semana pasada cuando escuché al cónsul mexicano de protección aquí en Denver recordarle a nuestros paisanos sobre la SDL. “En este país usted tiene derechos laborales”, decía Javier Maupomé. “En este país usted esto…, en este país usted aquello…, en este país…”. Repito, la labor que realizan los consulados en este sentido no es lo criticable, al contrario, hay que aplaudirla. Pero qué tristeza da que sea en un país ajeno donde gozamos de estos derechos y garantías y, aún más chistoso, que si en este país nos vemos abusados o discriminados, nuestros gobiernos natales ahora sí salen a defendernos. Lo ideal sería que los 50 consulados mexicanos en Estados Unidos, y todas las demás oficinas consulares de las diferentes naciones latinoamericanas, se fijaran bien cómo operan OSHA, la oficina de igualdad en el trabajo y el resto de las dependencias que protegen a los trabajadores aquí. Luego, que mandaran un reporte completo y detallado a sus respectivos países, para que allá se copien y apliquen los mismos derechos y garantías laborales de aquí, y así, algún día, en lugar de decir: “en este país usted esto y en este país usted aquello…”, puedan decir: “en este país, así como en el nuestro, usted esto y usted aquello…”.
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