Como si se tratara de un simple partido de futbol, analistas políticos se la han pasado debatiendo y discutiendo sobre quiénes salieron victoriosos y quiénes fueron derrotados en Washington; qué ambiciones animó a unos legisladores y qué obligó a otros a votar a favor o en contra de un aparentemente imperfecto plan para resolver el serio problema de la deuda nacional.
Deveras. Así como le hacen en el fut, jugada por jugada, comentaristas y expertos sobre política en los medios masivos han estado analizando el acuerdo al que llegaron el domingo el presidente Obama y los líderes del congreso, para luego concluir, según sus dizque valiosas opiniones, quiénes fueron los grandes ganadores y los tristes perdedores tras aprobarse ya en ambas cámaras el susodicho plan.
Oiga, ¿pero qué clase de prensa tenemos en Estados Unidos? ¿De verdad aquí lo que vale la pena reportar es si los ganadores o los perdedores son los republicanos, los demócratas o los legisladores casados con el partido del té? ¿En realidad los medios creerán que su chamba es decirnos quiénes se salieron con la suya, quiénes cedieron o quiénes se vendieron por unos cuantos miserables votos electorales? Ok, a lo mejor en parte sí, pero aquí tras toda la cochina politiquería no hay un solo ganador, sino más de 300 millones de perdedores. Vaya, el pueblo entero.
A ver, se aumentó el techo de endeudamiento en millones de millones de dólares para que Estados Unidos pueda seguir pidiendo dinero prestado para poder pagar la deuda que se ha echado encima con inversionistas y, fundamentalmente, los chinos; con esto, se salva del tache en su calificación de crédito o, bueno, tiene mejor chance de que no lo reprueben, y nuestros abuelitos dizque podrán volver a dormir tranquilos porque su chequecito del Seguro Social será puesto en el correo sin retraso alguno. ¿Pero qué significa todo esto para el resto de nosotros? Yo quisiera saber cómo el aumento del techo de la deuda sacará al país del bache económico al que cayó; cómo ayudará a que los más de nueve de cada 100 personas en edad de laborar encuentren trabajo, o que la gente que tiene un guardadito tenga la confianza suficiente para gastar su dinerito y echar a andar de nuevo el verdadero motor que estimula la economía estadounidense.
Lo que este acuerdo represente para las ambiciones políticas del presidente, el senador X o el
representante Z es interesante, sí, pero no lo suficiente como para acaparar toda la atención mediática, mientras el resto de la población sigue en el limbo sin saber qué va a pasar mañana.
Ya no pierdan tanto tiempo analizando las implicaciones políticas para fulano o mengano; mejor preocúpense por decirnos que nos depara el futuro a corto, mediano y largo plazo. En base a eso, nosotros ya nos encargaremos de lo que le depara el futuro al senador X, al representante Z y al presidente O.
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