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Desinformados

Desinformados

Roberto Martinez
Saboreando la Noticia

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Cada vez somos más hispanos en Estados Unidos, pero, de acuerdo a la oficina del Censo, al mismo tiempo hay cada vez más hispanos viviendo en la pobreza.
Explicaciones puede haber muchísimas, pero ya no podemos sentirnos satisfechos con culpar al racismo o a la falta de oportunidades. Yo estoy convencido de que una de las razones, quizá no la principal, pero sí una muy importante, es que somos una comunidad desinformada. Como comunidad no estamos al tanto de lo que ocurre a nuestro alrededor, no estamos actualizados y, por consiguiente, nuestra opinión no vale, no pesa, no influye… vaya, no importa, porque qué carajos sabemos de lo que está pasando en el país.
En el pasado, habría culpado única y exclusivamente a los medios de comunicación en español por su falta de interés en tener programas noticiosos y por llenar los pocos que existen con noticias, análisis y a veces escandalosos reportajes sobre lo que pasa más allá de la frontera sur. No obstante, hoy me doy cuenta de que la culpa de nuestra desinformación no recae sólo en los medios, sino en nosotros mismos por no demandar mayor calidad y mejor contenido de nuestros medios, y porque muchos comerciantes inexplicablemente continúan apoyando la radio, televisión y prensa escrita que no tienen otra cosa más que basura en su programación y páginas.
Ni hablar, ojalá y pronto nos preocupemos más por lo que pasa aquí, y le exijamos a nuestros medios mejor contenido y aunque sea algo de profesionalismo.
* * *
Creo que el debate sobre el matrimonio homosexual es cuestión de semántica, porque siento como que los activistas pro gay tienen la idea de que si a su relación se le llamara matrimonio se habrá consumado la igualdad total que tanto exigen. Sin embargo, francamente no lo entiendo. En Estados Unidos, gays o no gays, somos libres de estudiar lo que queramos, trabajar donde se nos pegue la gana y enamorarnos de quien queramos. En este país no se le va a prohibir a Alberto vivir con Pablo o a Alejandra con Leticia, por ejemplo. Y es más, en Estados Unidos, si a Alberto se le despide de su trabajo por su preferencia sexual, Alberto demanda a la empresa que lo corrió y será indemnizado con tal cantidad, que podrá retirarse en Miami con su novio Pablo. El problema es que a Alberto ya no le basta
con el hecho de que la mayoría del país apoye las uniones civiles, cuyos derechos son básicamente los mismos que los derechos matrimoniales. No, Alberto y Pablo insisten en que a su relación se le llame matrimonio.
Mire, yo no tengo nada en contra ellos, pero si creen que para obtener la igualdad total deben estar casados ante la ley, están muy equivocados
Siento decirles que su relación jamás será igual a la de Carlos y Alma, por ejemplo, por la simple y obvia razón de que Carlos es hombre y Alma es mujer. Y, por otro lado, lo de ellos no es una boda, sino una boda gay; no es “marriage”, sino “gay marriage”, y ahí hay otra clara distinción.
Sé que estoy simplificando el asunto, pero a poco no tengo razón al decir que de cualquier manera jamás será igual.
Pónganle el nombre que quieran a las relaciones homosexuales y busquen los mismos beneficios de los que goza gente casada, pero por favor dejen la palabra matrimonio en paz y su definición como lo que es: la unión entre un hombre y una mujer.
Email: saboreandolanoticia@yahoo.com

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