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Si leyó con atención EL HISPANO la semana pasada, se enteró de cuantos hispanos vivimos en Estados Unidos: 50.5 millones, de acuerdo a la oficina del Censo. Y en caso de que para usted este dato no sea sorprendente o significativo, piense en esto: Habemos más hispanos viviendo en Estados Unidos que canadienses en Canadá y casi seguro que más que centroamericanos en toda Centro América junta. Pero para mí, lo más interesante de este dato es que de estos 50 millones de personas seguramente más de la mitad hablan español en casa y por lo menos tres cuartos de ellas lo entienden o lo hablan como segunda lengua. Mire, Estados Unidos, sin duda, y le guste a quien le guste, extraoficialmente se convertirá pronto en una nación bilingüe. Pese a ello, la nota en EL HISPANO me llevó a hacerme las siguientes preguntas: ¿si Estados Unidos efectivamente se convirtiera en un país bilingüe, en realidad sería un problema? ¿De llegarse a escuchar el español tanto, o casi tanto como el inglés, dónde nos colocaríamos dentro de la sociedad estadounidense los hispanoparlantes? Y, por último, qué debemos hacer para que los datos que emite la oficina del Censo hoy en día no queden en el olvido, o pasen a ser una simple estadística más. La respuesta a la primera pregunta es un simple no. Por supuesto que no sería un problema, siempre y cuando quienes hablamos español mostremos patriotismo, lealtad y cariño a esta gran nación, tengamos intenciones de adaptarnos y, sobre todo, nos preocupamos por conocer y cumplir sus leyes. Sobre dónde quedaríamos dentro de la sociedad; bueno, pues eso dependerá de cada uno de nosotros. Es obvio que no pretendo ser sociólogo o saber mucho de sociología, pero el sentido común me dice que entre más adaptación haya; ente mejor se entienda el sistema de gobierno y los procesos político, económico y social, por ejemplo, la incorporación a la sociedad en general será más simple y sencilla. El idioma que uno escoja para comunicarse o recibir la información que le permita estar al tanto y actualizado de lo que ocurre en dichos procesos, sería irrelevante. Vaya, no importaría. Pero nos queda una interrogante: ¿qué vamos a hacer con la información que lanza el Censo? La vamos a aprovechar, o dejaremos que se convierta en un dato curioso que, mientras entre los hispanos provoca un orgullo temporal, entre el resto de la sociedad genera inquietud y hasta cierta preocupación por el hecho de que millones de personas, aun viviendo en el país, no tienen la más mínima idea de cómo es éste, cómo funciona o quiénes lo hacen o, mejor dicho, dizque lo hacen funcionar. No sé muy bien aún cómo, pero yo planeo usar la información del Censo a mi favor. Y mientras averiguo cómo hacerle ver al pueblo estadounidense que ya no es sólo una sociedad multicultural, sino que prácticamente también bilingüe, continuaré mi labor de dejarle saber a usted, en español siempre, lo que pasa aquí, en nuestro querido Estados Unidos. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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