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Quizá sea porque jamás me pasó por la mente ser astronauta. O a lo mejor porque nunca me llamó la atención ver a través de un telescopio. De antemano, una disculpa a mi tío Jorge, un gran apasionado de la astronomía, pero siempre me han llamado más la atención las estrellas de Hollywood que las del universo. Acepto que por eso me molesta sobremanera enterarme de los planes para explorar el espacio; de los miles de millones de dólares que se invierten para lanzar un cohete que lleve una navecita cuyo propósito es recoger piedritas marcianas, o de esa atracción (a la que se refirió EL HISPANO la semana pasada) que siempre ha sentido el hombre por la Luna. Ahí vamos de regreso y ahora con el plan de algún día habitar, y sin duda comenzar a destruir, el satélite de la Tierra. Pero creo que mi indignación es más bien porque esos miles de millones de dólares y las grandes mentes de científicos deberían aprovecharse para conocer mejor nuestro propio planeta y, por consiguiente, proteger a la humanidad. Asimismo, para resolver crímenes o encontrar a quienes hacen más daño que un asteroide. Para quienes dicen que se necesita explorar el espacio para descubrir lo que ha pasado en otros sistemas o planetas y saber lo que le podría pasar a la Tierra en un futuro, les recuerdo dos cosas: primero, antes de que se apague el Sol o algo gigantesco nos caiga del cielo y nos pase lo que a los dinosaurios, es probable que nosotros mismos, los seres humanos, nos matemos entre sí o acabemos con todo a nuestro alrededor. Y, segundo, antes de que cualquier actividad solar u otro “Big Bang” se convierta en el detonador, posiblemente el “kaboom” sea un fenómeno terrenal, es decir, estrictamente doméstico. Por qué no, entonces, invertir en tecnología que ayude a prever, o mínimo alertar, sobre fenómenos naturales como huracanes o terremotos que, desde ya, nos están matando. Leyó, por cierto, lo del italiano que advirtió sobre el sismo en su país. Las autoridades italianas lo obligaron a bajar de Internet su advertencia por la aparente inexactitud de su método para hacer predicciones. ¿No sé usted qué piense? Pero esta vez este hombre le atinó y, de haberle hecho caso, se habrían salvado cientos de vidas. Además, y más importante aún, si sus métodos efectivamente no son exactos, yo preferiría ver dinero invertido en el perfeccionamiento de éstos y no en la construcción de un vehículo espacial que en 2030 sea capaz de enviar a un hombre a Marte. Aclaro que no quiero pecar de hipócrita y decirle que, de seguir vivito y coleando en 21 años, no vería emocionado el ¿”amartizage”? Pero eso no significa que vea con buenos ojos cómo se despilfarran, para mí gusto, miles de millones de dólares en tecnología para que anden dos vehículos paseándose por el planeta rojo, mientras aparentemente no existe una aparatito que dé con el paradero de Osama bin Laden, por ejemplo, o que haya mentes capaces de sincronizar el lanzamiento de transbordadores que luego increíblemente se enganchan a una estación espacial, y no se pueda identificar de inmediato al responsable de la muerte de la pequeña Sandra Cantú. * * * ¡Feliz cumpleaños Alec! Te adoro, buddy… (Nota de la redacción: Y nosotros también)
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