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Barack Obama dice que para “contrarrestar los altos precios de la gasolina hay que invertir dinero en el desarrollo de tecnología renovable”. Pero “Mr. Presi”, yo le tengo que echar gasolina a mi carro mañana mismo. Discúlpeme, pero no me puedo esperar a que salgan a la venta los coches de pilas, los que conectas a la luz, los que tengan motores de agua, páneles solares o lo que sea que usted llame “tecnología renovable”. Mañana mismo tengo que ir a trabajar, y créame que quizá tenga que discutir la posibilidad de aumentar los precios de los anuncios en EL HISPANO, porque la verdad es que eso de estarse gastando más de $65 dólares por tanque de gasolina francamente es insostenible. Siento decirle, don Barack, que tampoco tenemos tiempo para esperar a ver si efectivamente ha habido fraude o manipulación en los mercados petroleros. Además, el mismo secretario de justicia, Eric Holder, ya dijo que el alza de la gasolina podría deberse a “diversas razones legales”, y no a actividades ilegales de comerciantes y especuladores, como usted insinuó en su discurso radial el sábado pasado. Ahora bien, no estoy del todo de acuerdo con su afirmación de que no hay un “remedio mágico” para bajar el precio de la gasolina, que por cierto cuesta en promedio un dólar más por galón que hace un año. En su alocución habló también sobre la necesidad de reducir nuestra dependencia del petróleo extranjero, algo que, por ahí escuché, cada presidente, desde Richard Nixon, creo, han venido diciendo. Pues que lo suyo no se quede en otra buena intención. De verdad hágalo. Alaska, por ejemplo, se está pudriendo en petróleo; quítele un poquito de autoridad a la EPA y permita ya su perforación. El lunes nos enteramos de que en el estado de Sarah Palin hay reservas petroleras equivalentes a unos 27 mil millones de barriles, pero que la agencia protectora del medio ambiente le negó a la petrolera Shell los permisos de perforación. Aclaro que, por supuesto, me interesa proteger nuestro planeta y al caribú que vive en Alaska, pero 27 mil millones de barriles que no tendríamos que comprarles a los árabes o a Hugo Chávez es, como dicen por estas tierras, “a win, win situation”. Por otro lado, no comprendo cómo es que pueden dormir tranquilos nuestros congresistas en Washington. Si usted, mi estimado lector, estuviera al frente de una empresa que opera en números rojos, o sea que sus ingresos están por debajo de sus costos, y que además está a punto de maximizar su línea de crédito, ¿se iría de vacaciones? Supongo que no. Me imagino que por más que usted tuviera planeado su viaje a Disney o a Cancún, lo cancela para estar metido en su oficina estudiando la manera de reducir sus gastos, incrementar sus ingresos o, mínimo, analizando muy detalladamente si puede darse el lujo de endeudarse más. Pero bueno, así es como pensamos la gente responsable. Lástima que a Washington no hemos enviado gente como nosotros. Entretanto, disfruten de su cese legislativo, mis queridísimos congresistas. Email: saboreandolanotica@yahoo.com
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