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Después de tanto estira y afloje; de tantos dimes y diretes, los republicanos en Washington cedieron a un acuerdo con recortes al presupuesto de apenas unos 38 mil y pico millones de dólares. Con razón su ídolo Rush Limbaugh está furioso. Si Rush tuviera su programa de radio en español, seguramente habría dicho que pa’eso, pues mejor sigues montado en tu macho y dejas que el gobierno federal cierre sus puertas. Los republicanos originalmente habían dicho que lucharían para que en la ley de gastos de este año fiscal, el cual por cierto culmina el 30 de septiembre, se hicieran recortes por $100 mil millones . Más adelante, y por aquello de que seguían transcurriendo los meses sin una ley de gastos, se hablaba de una cifra de 60 y tantos mil millones. Pero el viernes, a una hora de que museos y parques nacionales corrieran el riesgo de tener que cerrar sus puertas por falta de fondos y, entre otras cosas, existiera el temor entre familias militares de que no habría cheque la quincena próxima, nuestros congresistas lograron ponerse de acuerdo y acordaron aprobar un presupuesto temporal con un recorte que lo que dará es risa. Obviamente, para nosotros $38 mil millones es una cantidad enorme, pero si la comparamos con lo que gasta el país o. peor aun, con el ritmo en que aumenta día a día la deuda nacional, estamos hablando de cacahuates. De acuerdo a analistas, para que el gobierno federal pueda operar y cumplir subsidiando beneficios que reciben millones de estadounidenses, y uno que otro habitante del mundo, necesita tomar prestados unos 4mil 500 millones de dólares cada día. Si las matemáticas no me fallan, los recortes al gasto público que acordaron en Washington le permitiría al país dejar de pedir prestado cuando mucho nueve días. Pero bueno, el gobierno no cerró y los turistas que estaban muy preocupados por ir a ver al oso Yogui en el parque Yellowstone ya no tienen nada que temer. La guerra financiera, sin embargo, apenas ha comenzado. Las siguientes batallas serán sobre el presupuesto 2012, pero antes sobre si se aumenta o no el límite de endeudamiento, que según economistas alcanzará su tope de 14 y pico de billones de dólares el próximo 16 de mayo de este año. Por cierto, le platico que, como senador, Barack Obama votó en contra de aumentar el límite de endeudamiento, argumentando, en aquel entonces, que era una muestra de falta de liderazgo e irresponsabilidad fiscal. Hoy en día, como presidente, dice reconocer que su voto fue un error, ya que cuando el país no tiene para cumplir con sus compromisos, pues simplemente tiene que seguir pidiendo prestado. Para entender mejor lo que pretende hacer esta administración con esto del techo de deuda, como le dicen por aquí, supongamos que usted es el gobierno y que para cumplir con todos sus gastos, porque en su chamba no gana lo suficiente, usa una tarjeta de crédito. Con esta tarjeta usted paga la renta de su casa, le echa gasolina al carro, le paga al jardinero y les da su domingo a sus hijos. El banco, sin embargo, le impuso un límite crediticio de 10 mil dólares, ¿y qué creé?, que para el próximo mes alcanza este tope. Yo quisiera pensar que si este de verdad fuera el caso, usted se iría a un apartamento más económico, vende su carro o mínimo compra uno que no gaste tanta gasolina, despide al jardinero y se pone usted mismo a cortar su pasto y a sus hijos los pone a cortar el del vecino, porque si quieren tener dinerito pues que se lo ganen con el sudor de su frente, porque francamente ya están grandecitos pa’andar recibiendo domingo, ¿no? Pero como nuestro gobierno no es como usted, se va por lo que ve como una solución mucho más simple: por qué no mejor pedirle al banco que le aumente su línea de crédito a $20 mil dólares, ya que al fin y al cabo usted algún día se va a morir, y ya sus hijos se encargarán de saldar su deuda. Digo, pa’qué apretarse el cinturón ahorita…
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