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No entiendo porqué cuestionar tanto lo dicho por Hillary Clinton la semana pasada. Estados Unidos sin duda alguna es en gran parte responsable por la creciente violencia en el norte de México y de hecho en todo el país. Como lo sugirió doña Hillary, la “insaciable” demanda de drogas en Estados Unidos es lo que ha convertido a los narcos en auténticos magnates con poderes sin precedentes. Según reportes, es más lo que entra a los bolsillos de los capos de la droga, cortesía de drogadictos estadounidenses, que lo que le llueve a todo México en remesas. Bien por la señora Clinton por decir verdades. Ahora bien, hay que ver lo que esta administración planea hacer para mitigar el problema de la drogadicción. Y es que para acabar con el poder y enriquecimiento ilícito de estos auténticos criminales se debe combatir el consumo, porque aquí no hay más que de dos: o se reduce la demanda de droga o se legaliza, una alternativa, en mi opinión, bastante riesgosa por razones obvias. De ahí, que la mejor opción sea la de frenar esa “insaciable” demanda de la que habló la tan criticada por sus comentarios secretaria de estado. El problema, sin embargo, es que por alguna extraña razón, a reserva de la leyenda de “say no to drugs” que tienen algunas de las llamémosles “salpicaderas” en algunos mingitorios, en Estados Unidos poco se ha hecho por combatir este gran mal. Curiosamente, se lucha de manera mucho más agresiva contra la adicción al tabaco que a las drogas. Afortunadamente, algunos estados han comenzado a tomar ciertas medidas que podrían prevenir el consumo, al presentar propuestas de ley que obligarían a quienes soliciten ayuda del gobierno, por ejemplo, a que se sometan a un examen de droga. Sé, sin embargo, que el propósito quizá no sea tanto el combatir la drogadicción, sino más bien sacar rápidamente a gente del “welfare”. Pero de cualquier manera, la idea me parece genial, porque de una u otra manera presionaría a individuos a dejar sus vicios a cambio de estampillas de comida, seguro por desempleo o cualquier otro tipo de asistencia social financiada por el tío Sam. Por otro lado, para prevenir que nuevas generaciones caigan en el oscuro mundo de las drogas, a mí se me ocurrió otra idea: que el mismo tío Sam nos ayude a mantener a nuestros hijos ocupados. Le explico. Como padre, sé que la mejor manera de evitar que mis hijos piensen en cómo hacer travesuras, meterse en problemas o que se junten con gente equivocada, es manteniéndolos muy ocupados. El dicho de que el ocio es la madre de todos los vicios es muy sabio. No obstante, reconozco que esa tarea sale bastante carita. Inscribirlos a una liga de futbol o a la gimnasia, no es nada barato; clases de piano o pintura, no se diga. ¿Pero qué tal si lo que invirtiéramos en sus actividades extra escolares fuera deducible de impuestos? ¿Cuánta gente que ahora, y sobre todo en estos tiempos difíciles, simplemente no tiene los recursos económicos para meter a sus hijos al béisbol, karate o clases de guitarra, por ejemplo, creé usted que lo haría? Con un niño o una niña que en lugar de probar la marihuana, por estar en una esquina de ocioso con sus amigos, agarre una raqueta de tenis o un pincel, habrá valido la pena la idea. Ahora sólo falta que surja un político que se anime a proponerla.
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