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Le aseguro que en todos los países del mundo apenas una mínima parte de sus habitantes es gente informada. De hecho, me atrevería a decir que no hay país sobre la faz de la tierra en el que sus periódicos serios tengan más lectores que las publicaciones amarillistas. Incluso en Estados Unidos, la nación más poderosa del mundo, estoy convencido de que el National Enquirer tiene más lectores que el mismísimo The New York Times. La mala noticia es, pues, que poca gente lee “en serio”. La buena, que a pesar de que los periódicos, así como los noticieros de televisión y radio, son apreciados por apenas una mínima parte de la población, esa mínima parte, la bien informada, es la más importante dentro de un país; la que tiene el poder, el control y la que maneja el dinero. Y sí, siéntase orgulloso; el que usted esté leyendo en este momento esta columna en EL HISPANO significa que usted forma parte de este importante grupo de personas o va en camino de serlo. No sé qué piense usted, pero yo me atrevería a decir que la gente rica y poderosa es la mejor informada o, si prefiere verlo de esta manera, que la gente informada es la más rica y poderosa. Ahora bien, que quede claro que influye, y en mucho, de qué estamos informados. Por ejemplo, viviendo en Estados Unidos no nos dará mucho poder o influencia saber quien será el candidato del PRI en las próximas elecciones en México. De ahí que si usted vio el programa de Al Punto el domingo por la mañana, siento decirle que perdió su tiempo. Mejor habría sido medio entenderles a David Gregory, conductor de “Meet the Press”, y a su invitado ese día, Bill Daley, secretario general de la Casa Blanca. La semana pasada hablábamos en nuestro programa de radio sobre la falta de integración de los inmigrantes hispanos a Estados Unidos. De cómo simplemente nos ha costado mucho trabajo adaptarnos a la sociedad estadounidense, en parte porque no la conocemos, porque nadie nos dice en español cómo es y porque somos ya tantos los hispanoparlantes en este país, que hemos creado nuestra propia sociedad. Pese a ello, nadie puede negar lo crucial que es conocer esta nación, ya que después de todo también nos pertenece. Aquí vivimos, trabajamos, producimos, estimulamos la economía y hasta culturalmente aportamos algo. Pero ¿sabe qué?, también tenemos la obligación de participar. La participación ciudadana es sumamente importante y en esta nación, a diferencia de otras donde se prohíbe, se promueve. Tomemos ventaja de ello, hombre. Participemos en los procesos político, social, económico y cultural, porque de esa manera seremos tomados en cuenta. Porque de lo contrario, nuestra opinión será tan valiosa y pesará tanto como la de una… vaca. Como comunidad inmigrante, si insistimos en ponernos adjetivos, debemos mostrar interés sobre lo que ocurre en nuestro nuevo país. Y, fíjese, además de la satisfacción personal que da el ser una persona informada y culta, entre más sepa, más lo va a disfrutar. Véalo de esta manera: a lo mejor a usted no le llama la atención determinado deporte. Sin embargo, le garantizo que si estuviera dispuesto a aprender un poco sobre ese deporte, sus reglas, cómo se juega y demás, lo empezaría a disfrutar e igual un día de éstos hasta lo practica. ¡Piénselo! Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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