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Ojalá que activistas y quienes trabajan para grupos pro inmigrantes hayan leído EL HISPANO la semana pasada. Y si lo leyeron, ojalá y se les haya ocurrido recortar la nota principal: “Deportar, Caro; una Reforma Migratoria, Buen Negocio”. Por años el argumento principal a favor de la regularización de millones de indocumentados ha sido lo inhumano de las deportaciones por aquello de que se dividen familias. Pero por más que sea un argumento bastante válido, hemos visto que no ha llevado a nada. Quizá sea cierto lo que se dice del pueblo estadounidense: que por su frialdad, eso de la unión familiar no es algo muy importante que digamos. ¿Pero qué tal el dinero? Habla de pesos y centavos, o en este caso de dólares y pennies, y captas la atención de cualquier estadounidense, porque la realidad es que es parte de su cultura. Aquí se defiende a capa y espada el sistema capitalista; aquí todos cuidan su dinero y, si además tomamos en cuenta la crítica situación económica por la que atraviesa el país, créanme que más que nunca el pueblo tiene bien vigilada la chequera del tío Sam. EL HISPANO informó que la organización America’s Voice concluyó que la deportación de 393 mil inmigrantes el año pasado tuvo un costo de 5 mil millones de dólares. Asimismo, de acuerdo al mismo subdirector del ICE, el costo por cada indocumentado deportado es de 12 mil 500 dólares. Y por si eso fuera poco, un análisis del Centro para el Progreso Americano calculó que las deportaciones masivas costarían a la economía 2.5 billones de dólares, y sí, escuchó bien, 2.5 billones en los próximos 10 años, en contraste con los 1.5 billones que generaría en una década una reforma migratoria integral. Si yo fuera alguien que voluntariamente dedica su tiempo a defender a inmigrantes y, más importante aún, si fuera alguien que recibe un sueldo dentro de algún grupo pro inmigrante, ya habría mandado esta nota de EL HISPANO a las oficinas de todo funcionario público que se niega a aprobar una reforma migratoria. Ya habría buscado la manera de que me entreviste Peter Boyle o Lou Dobbs para dejarle saber al pueblo estadounidense lo que le representa en pago de impuestos andar correteando a indocumentados. Peguémosles donde la más les duele, hombre: la cartera. Usted y yo comprendemos perfectamente el dolor de vivir lejos de nuestros seres queridos. Aquí, sin embargo, ya están muy dados a la idea de que los papas viven en una ciudad y los hijos están regados por todos lados. Aquí a muchos hasta les urge que sus hijos cumplan 18 años para librarse de ellos. Ahora bien, no estoy diciendo que a todo estadounidense le valga sombrilla la familia, pero de lo que sí no hay duda es que a ninguno le gusta que su gobierno despilfarre su dinero. Gastarse 2.5 millones de millones de dólares en andar deportando es precisamente eso: despilfarro.
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