|
No tengo nada en contra de que empresas privadas les paguen bonos millonarios a sus ejecutivos o empleados. Pero si éstas operan ahora con fondos públicos, no es ético que usen nuestro dinero para cumplir con obligaciones y compromisos que, dicen, se echaron encima mucho antes de tener que suplicarle al tío Sam que saliera a su rescate. Lo de la aseguradora AIG es una desfachatez. Utilizar su dinero, mi dinero, para pagar más de 160 millones de dólares en bonos a quienes, además, son obviamente una bola de ineptos e inútiles, es más bien, una “jijez”. Después de todo quizá no sea tan mala idea lo que propuso el senador republicano Charles Grassley: “Obviamente (los ejecutivos de AIG), quizá deberían ser cesados”, dijo el legislador. “Empero, quiero sugerir que lo que me agradaría es ver que emularan a los japoneses, se presentaran ante el público estadounidense, hicieran una profunda reverencia y dijeran, lo sentimos, y luego hicieran una de dos: renunciaran o se suicidaran”. Es obvio que Grassley estaba bromeando. Pero ya que no vamos a ver a los responsables de llevar a la quiebra a una empresa multimillonaria formados en la fila de los desempleados, mínimo que no los veamos disfrutando de los millones de dólares que se les concedieron o concederán como premio por sus fracasos. Según “The Wall Street Journal”, 73 ejecutivos de la aseguradora recibieron mínimo un millón de dólares como bono el pasado domingo. Ahora bien, al igual que don Barack yo estoy muy molesto e indignado. Para empezar, por el descaro de quienes manejan AIG. Cómo olvidar que tan pronto recibieron el primer monto de un paquete de rescate que supera los 175 mil millones de dólares, celebraron con un viajecito a un lujoso “resort” californiano, donde despilfarraron hasta lo que no en cenas, bailes, comidas y hasta manicures, pedicures y faciales de 400 dólares. Segundo, con aquellos que defienden lo que está haciendo AIG . Ya escuché a uno que otro de esos comentaristas de extrema derecha, que dicen que esto habla maravillas de la honestidad y profesionalismo de la empresa, argumentando que la aseguradora está obligada por ley y compromisos contractuales a pagar los bonos. Tercero, porque aparentemente por más que Barack Obama sea el hombre más poderoso del mundo y quiera de una manera u otra evitar que se otorguen dichos bonos, aparentemente no va a poder. Y por último, porque no sé en qué estaba pensando George W. Bush al firmar el chequecito para AIG. Mi querido Jorgito… es imperdonable que no se haya preocupado por informarse, aunque sea un poquito, de los posibles pendientitos de la compañía. La buena noticia es que, a pesar de que don Barack o el congreso probablemente no puedan evitar el pago de bonos, porque esto jamás se incluyó como parte de las condiciones para recibir fondos públicos -de nuevo gracias George- , es posible que esta nueva administración sí pueda cancelar o mínimo imponer nuevas condiciones a la entrega de unos 30 mil millones de dólares más que AIG está lista para recibir de las arcas de nuestro tío. Esto, sin suda es una excelente oportunidad para Barack Obama de demostrar que tiene mano dura. Entretanto, nosotros estaremos pendientes de lo que hace el presidente y cómo termina este nuevo melodrama, conocido ya como el “bonogate”.
|
|