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El escáner que prácticamente te desnuda, o la manoseada que te mete el agente del TSA en el aeropuerto, tiene como objetivo medio garantizar que nadie abordará un avión con explosivos escondidos en su ropa interior, tal y como lo hizo el joven nigeriano conocido como el “bombardero de Navidad”, ¿se acuerda? Sin embargo, a pesar de que el caso de los calzones dinamitados es el que las autoridades usan para justificar las nuevas políticas de la Administración de Seguridad en el Transporte, nadie se ha animado a recordar que Umar Farouk Abdulmutallab viajaba de Amsterdam a Detroit. Esto significa que el terrorista africano se subió a un avión en Holanda, lo que me dice que mientras en aeropuertos de otros países no tengan las maquinitas que dejan a la gente como Dios las trajo al mundo, o le den una rosadita por ahí por donde le platiqué a los pasajeros que se niegan a cruzar por el escáner, la amenaza prevalece. Piense en esto: de poco servirá la intrusión en aeropuertos estadounidenses si son los únicos con este tipo de revisiones invasivas, o con escáneres que, además, algunos temen puedan emitir algún tipo de radiación dañina. En los últimos días he estado debatiendo conmigo mismo sobre si tanta indignación por parte del pueblo estadounidense es una exageración. Y, para serle sincero, inicialmente me dije que sí. ¿Cuál es el problema, no? Digo, a mí no me molestaría que un perfecto desconocido me viera encueradito o que un “auténtico” profesional, “en aras de la seguridad”, se “aprovechara” de mí. Pero ya pensándola bien, debo confesarle que me enfurecería muchísimo si, por ejemplo, uno de mis hijos llegara a activar la alarma del escáner y un hombre adulto, para dejarlo abordar el avión, tuviera que tocarlo de una manera que sería considerada abuso sexual en cualquier otro lado. La situación es tan delicada como difícil, pero si en algo tiene razón al señor John Pistol, director del TSA, es en decir que la amenaza terrorista es más grave que cualquier manoseada. Pistol prometió esta semana que estudia la manera de continuar palpando minuciosamente a pasajeros sin que éstos se sientan agasajados por sus guardias de seguridad. Ya veremos. Mientras tanto, a lo mejor no sería tan mala idea comprarse uno de esos calzones que te hacen lucir como Adán o Eva en el escáner. ¿Los venderá Wal-Mart? Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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