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Uno puede opinar que determinada ley es justa o injusta, pero mientras sea la ley, los ciudadanos debemos obedecerla y las autoridades deben hacerla cumplir. Pongamos las leyes migratorias como ejemplo: son absurdas, obsoletas y sí, hasta injustas, pero hasta que no haya una reforma, el ICE tiene la obligación de que se cumplan. En fin, la ley es la ley y mientras no se cambie, por más injusta que sea hay que acatarla o, de lo contrario, asumir las consecuencias. En numerosas ocasiones me he preguntado si los agentes migratorios son tan infelices como pensamos, si los políticos que combaten la inmigración ilegal son tan racistas como creemos o si en ambos casos simplemente están haciendo su trabajo. Dicho eso, y precisamente porque en realidad me inclino por lo último, es que ahora me uno a quienes piden que el Departamento de Justicia investigue al ex presidente George W. Bush, tras éste voluntariamente haber confesado que autorizó el infame método de interrogatorio conocido en inglés como “waterboarding”. Mire, sin importar si consideramos el “ahogamiento simulado” tortura o no -o incluso si creemos que es necesario para sacar información que salvaría vidas-, mientras bajo acuerdos internacionales sea considerado tortura, y aquí en Estados Unidos ilegal, quien lo ordenó, así haya sido el mismo presidente, debe asumir las consecuencias de quebrantar la ley, ¿no? Como dije anteriormente: la ley es la ley, nos guste o no. * * * En las seis semanas que le restan a la última sesión legislativa del año, senadores y representantes tienen una serie de importantes asuntos que atender. Desde qué hacer con las exenciones fiscales y los homosexuales en el ejército, hasta el “Dream Act” y la reducción de pagos a los médicos que atienden a beneficiarios del Medicare. Sin embargo, como es costumbre en la sesión pos electoral y, peor aún, cuando una gran mayoría de legisladores son despedidos por sus representados, lo que menos interesa en el capitolio son los “pendientitos”. Aquellos a los que el 2 de noviembre se les dio la oportunidad de regresar a Washington para otro término utilizan estos últimos dos meses del año para preparar sus campañas de reelección, mientras que el resto viaja a la capital a recoger sus “chivas”, limpiar sus escritorios y resanar los hoyitos en las paredes de sus despachos, donde cuelgan sus cuadros, diplomas y… “reconocimientos”. A fin de cuentas, ni los unos, ni los otros aprovechan el poco tiempo que les queda para darle solución a problemas, concretar acuerdos o, mínimo, pretender que hay interés por sacar al país adelante. Con razón a este periodo se le conoce como “lame duck session”, o sea que todos se hacen patos. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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