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Roberto Martinez
Saboreando la Noticia

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Se acabó la guerra en Irak, y ahora políticos, periodistas, analistas, comentaristas, el resto del país y seguramente el mundo entero, comenzarán inmediatamente a discutir sobre lo que se ganó o se perdió en los últimos siete y pico de años.
Yo hoy, sin embargo, quiero honrar a los hombres y mujeres del ejército estadounidense y las fuerzas aliadas que, sin importar si estaban o no de acuerdo con esta guerra, cumplieron dignamente las órdenes de sus presidentes.
Hoy recuerdo con respeto y admiración a los 4,734 soldados, de los cuales 4,416 eran estadounidenses, que dieron su vida en Irak.
A los que han regresado a casa, bienvenidos y gracias, gracias de corazón por su servicio a esta gran nación.
Gracias también a todas las madres, padres, cónyuges e hijos de todo miembro de las fuerzas armadas. Su sacrificio es tan admirable como el de nuestros valientes soldados.
Le pido a usted que hoy no piense si cantamos victoria o fuimos derrotados; si fue un error o una buena decisión el haber invadido Bagdad en marzo de 2003. Le pido, por favor, que se una en oración para pedirle a Dios que bendiga a los caídos y que proteja a los 50,000 soldados que permanecerán en Irak, y a todo hombre y mujer en uniforme que continué en el extranjero.
* * *
A ver si entiendo lo que sugiere The New York Times:
Como en Estados Unidos hay una demanda de mano de obra barata; o sea que se ofrecen cientos de miles de trabajos extremadamente mal pagados; y como la política migratoria estadounidense prohíbe que se ingrese a su territorio sin el debido permiso, y se enfoca en la persecución de indocumentados, este país es en parte responsable de la muerte de los 72 inmigrantes centro y sudamericanos acribillados por el crimen organizado mexicano en Tamaulipas, México.
¡Really! Yo le creería al prestigioso diario neoyorquino si los cientos de miles de trabajos que se ofrecen a los indocumentados fueran extremadamente bien pagados y si el rudo de los rudos, Joe Arpaio, organizara carnitas asadas de bienvenida en su casa en Phoenix para los que recién se brincaron ilegalmente las vallas fronterizas.
Que Dios bendiga a los 72 muertos y a sus respectivas familias, pero con la mano en el corazón le digo que los únicos responsables de esta tragedia fueron ellos mismos.
La decisión de arriesgarlo todo en busca de auténticas miserias,
si tomamos en cuenta lo pesado de las chambitas que muy probablemente estaban dispuestos a hacer, fue de ellos.
Nadie los llamó a poner en peligro sus vidas para llegar a un país donde seguramente serían víctimas de abusos, malos tratos, acoso y, como sostienen algunos, discriminación racial. Y, por último, absolutamente nadie los obligó a cruzar por otro país, donde en estos momentos reinan la violencia y la inseguridad.
Querer culpar a Estados Unidos también de esto me parece absurdo.
Y para terminar, permítame decirle a aquellos que me acusan de estar muy americanizado, como si eso debiera avergonzarme, que hay tres cosas de las que estoy sumamente orgulloso:
De haber nacido en México y decir que soy mexicano; de haber aceptado a Jesucristo como mi señor y salvador y decir que soy cristiano, y de haberme naturalizado como ciudadano de Estados Unidos y decir que soy estadounidense.
Email: saborandolanoticia@yahoo.com

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