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Cuando ex presidentes presentan recomendaciones para combatir la pobreza en sus países, lo primero que se me viene a la mente es: “too late”, ¿no? Digo, por qué no presentaron, o mejor aún, aplicaron estas recomendaciones cuando estaban al frente de sus respectivos gobiernos. Está bien que sigan pensando en cómo afrontar los problemas sociales, económicos y políticos que agobian a sus queridos pueblos, pero que no vengan a decirnos lo que se deber hacer ahora cuando ellos mismos obviamente no fueron capaces de hacerlo. Y digo obviamente, porque si los problemas aún existen, al grado de que deben presentarse recomendaciones, es porque ellos no lograron darles solución, salida o, como mínimo, algo de alivio. Sé que todos y cada uno de los siete ex presidentes que visitaron Denver esta semana seguramente argumentarían que dejaron a su país mejor que nunca y que las recomendaciones que presentaron en esta ciudad el lunes para reducir la pobreza, mejorar la salud, promover la democracia; vaya, lo que consideran las prioridades de sus respectivas naciones, fueron hechas porque quienes están ahora al frente de sus gobiernos son quienes lo han echado todo a perder. * * * Si le pregunto de qué color es el cielo, sin dudar me responderá que azul. Ahora bien, y por favor sea honesto, si le preguntara que religión practican los terroristas, le aseguro que así como no dudó en responderme que el cielo es azul, respondería que practican el Islam, ¿o no? Pero no se sienta mal. Yo respondería exactamente igual que usted, aunque, así como usted también, yo no tengo absolutamente nada en contra de los musulmanes. Obviamente sabemos que no todo musulmán es terrorista, como sabemos que no todo inglés tiene los dientes verdes o todo mexicano es flojo. Sin embargo, no podemos ignorar que los atentados o intentos fallidos de atentado contra Estados Unidos han sido perpetrados por extremistas islámicos, que ¡cómo le han dado mala fama a su religión! ¿A dónde voy con todo esto? A que según Barack Obama hemos sido nosotros, y las autoridades, con tanta referencia retórica al radicalismo islámico, los culpables de que nos quieran atacar. El presidente ha alegado que las palabras son importantes y miembros de su gobierno han dicho que el uso de descripciones incendiarias en las que se asocia el islamismo con una amenaza de terrorismo alimentan la propaganda usada por el enemigo y podrían alienar a musulmanes moderados en Estados Unidos. Mire, a mí que no me quieran venir a echar la culpa de eso. Si para los extremistas islámicos merecemos la muerte por el simple hecho de que según sus creencias no somos más que infieles, créame que aun si jamás volviéramos a hablar de fundamentalistas, si pudieran acabar con nosotros lo harían. De ahí que me uno a quienes criticaron la reciente decisión del gobierno de Obama de dejar a un lado las referencias retóricas al radicalismo islámico, ya que efectivamente, como dicen, la medida subestima el papel que la religión puede tener para motivar a los terroristas. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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