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Mantener seguro a un país que vive con una “diana” pintada en la espalda no es tarea fácil… y mucho menos cuando su pueblo es demasiado quisquilloso. Desde los atentados del 11 de septiembre, Estados Unidos parece no acabar de encontrar la fórmula que garantice la seguridad nacional sin lo que muchos califican de violaciones a las garantías individuales. Esta semana se informó que se estudia una legislación cuyo propósito es eliminar la categorización racial, o lo que se conoce como el uso del perfil racial para determinar qué sospecha despierta un individuo ante las autoridades. (Por ejemplo: joven de tez morena, barbas y turbante, ¡cuidado!, puede que sea terrorista; joven de tez morena, bigote, sin turbante, pero con una tejana bien puesta, ¡aguas!, ha de ser indocumentado). Según grupos defensores de derechos civiles, sus oficinas reciben cientos o hasta miles de quejas sobre categorización racial. De ahí, que la subcomisión de derechos civiles de la cámara de representantes se decidiera a estudiar lo que se llamaría ley contra la discriminación. Para ello, ha estado llevando a cabo audiencias en las que varios testigos dijeron que la discriminación sigue siendo un problema para los estadounidenses negros; los hispanos son víctimas cada vez con mayor frecuencia en estados y comunidades que han tomado medidas para combatir la inmigración ilegal y desde el 11 de septiembre del 2001, ni qué decir de los musulmanes. Asimismo, de acuerdo a informes, propusieron que el congreso ordene la realización de estudios que documenten con cuánta frecuencia ciertos grupos o víctimas en particular son detenidos, y si constituían en realidad una amenaza a Estados Unidos. Por otro lado, se reportó que esta legislación debería también dar cierta compensación a quienes fueron detenidos por error, lo que a mí me caería de maravilla, porque si a alguien han cuestionado los agentes aduanales y migratorios por error cada vez que regreso a Estados Unidos, he sido yo. Por ahí anda suelto un Roberto Martínez de más o menos mi edad y características físicas, que algo malo ha de haber hecho. Ahora bien, como yo no debo nada, nada temo. De que es una auténtica monserga que me detengan para hacerme más preguntas de lo normal, lo es. ¿Pero me ofendo, me indigno o me siento insultado, porque por culpa de mi nombre prendí el foco rojo de las autoridades?, no. Ese otro Roberto Martínez es el que ya ni la amuela, no los agentes aduanales o migratorios. Y lo mismo podríamos decir de Osama Bin Laden y los sonsos de Faisal Shahzad y Najibullah Zazi, por ejemplo; es por ellos que las autoridades se fijan más en los jóvenes musulmanes. La verdad es que en Estados Unidos a veces exageramos con tanta susceptibilidad. Y por último, aunque no debería, quizá esto le consuele: cuando los hispanos seamos mayoría y la frontera insegura sea la del norte, el perfil racial que despertará sospechas de que uno es indocumentado será el del güero patón y de ojo azul. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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