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El congreso estatal de Arizona y su gobernadora, Jan Brewer, no son racistas; más bien son medio brutos. Les voy a dar el beneficio de la duda. No creo que doña Jan tenga algo en contra de los hispanos. Ella, como argumenta todo aquel que fustiga la inmigración ilegal, aparentemente quiere hacer cumplir la ley, ya que el gobierno federal sigue haciéndose guaje y continúa dejando en el olvido el importante y urgente tema de una reforma migratoria. Sin embargo, por andar de apresurada y poner ante todo su carrera política, firmó en ley una iniciativa que no criminaliza la inmigración ilegal, sino que abiertamente criminaliza la apariencia latina. La señora Brewer ha de creer que nosotros somos tan brutos como ella y que nos quedaríamos tranquilos porque una nueva estipulación al texto legal de la ley, que podría entrar en vigor en menos de tres meses, prohíbe que la policía use “solamente” la “raza”, es decir los rasgos físicos o la apariencia, para sospechar acerca de la situación legal de una persona. ¡Ja! ¿A quién le quieren ver la cara? Porque por más que la gobernadora haya ordenado a las autoridades estatales que se les ofrezca a sus funcionarios “un curso de entrenamiento para que aprendan a discernir qué constituye una sospecha razonable de que alguna persona se encuentra viviendo ilegalmente en Estados Unidos”, no habrá de otra más que a través del perfil racial del individuo para llegar a esa conclusión. De ahí que dude que los alemanes, suecos o los canadienses indocumentados que viven en Arizona estén muy preocupados. Y es que pregunto: ¿De qué sospecha razonable podría valerse un policía para detener y cuestionar al güero de ojo azul que tranquilamente pudo haber cruzado a escondidas la frontera norte, por ejemplo. Lo increíble de este asunto es que a sabiendas de que la “pista” a seguir será el “look” de la gente, diga lo que diga doña Jan, hay un grupo de personas que, a pesar de enorgullecerse en mostrar que son de tierras lejanas, tampoco tiene mucho de que preocuparse. Sin el afán de ofender a nadie, yo le recomendaría a los hispanos indocumentados en Arizona lo siguiente: A los hombres, que se dejen la barba y se compren un turbante, y a las mujeres que se tapen de pies a cabeza con burkas. Mire, a pesar de que la policía no tendrá la más mínima duda de que se trata de extranjeros, a las personas de Medio Oriente no los van a molestar, porque, pa’empezar, acosarlos es algo muy delicado por aquello de lo “políticamente incorrecto” y, segundo, en su mayoría se trata de refugiados políticos, por lo que no tendría caso perder el tiempo cuestionándolos, ¿no? Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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