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¿Pa’ qué tanta urgencia? ¿Pa’ qué la advertencia de que con cada minuto que pasara sin ser aprobado el ambicioso paquete de gastos federales el país se hundiría aún más económicamente y miles más quedarían desempleados? ¿ Pa’ qué tanto escándalo si el plan de estímulo económico, aprobado a la carrera por el Congreso desde el viernes, no iba a convertirse en ley sino hasta el martes al mediodía? ¿Qué la firma del presidente no tiene validez los sábados, domingos o días feriados? No; lo que pasa es que no todos los días se firman cheques por casi un billón de dólares. Barack Obama se esperó para dar luz verde a su plan económico hasta que la mayoría de los estadounidenses regresaran a sus actividades cotidianas tras un fin de semana largo. El presidente y sus asesores estaban conscientes de que con motivo del Día de los Presidentes muchos seguirían en la playa, esquiando o en el torneo de hockey de sus hijos, o sea, lo más alejados posible de su televisor o radio. Pocos le prestarían atención al momento, histórico, que marcaba el inicio del rescate de la economía estadounidense, por lo que políticamente hablando era más importante esperar a impedir, quizá, que otro compatriota perdiera su empleo, otra familia su casa u otro negocio cerrara. Pero eso no es todo. Obama decidió salir de Washington para el grandioso acto. El presidente pudo haber salido de su dormitorio, caminado unos cuantos pasos hacia el Salón Oval y, desde ahí, aprobar el paquete. Pero no… ¿cómo creen? Para algo tan extraordinario como esto hay que echar a andar el Air Force One. Y es que digo, ¿qué es medio millón de dólares más comparado con lo que el gobierno federal va a estar gastando? Sigo sin saber por qué en Denver. Porque si fue para que Obama y Joe Biden vieran los paneles solares del Museo de Ciencia y Naturaleza, con haberles enviado fotos nos habríamos ahorrado unos $400,000 dólares. Si tomamos en cuenta que para mover al presidente cada hora que está en vuelo su avioncito el costo es de $36,000 dólares, más $2,800 de combustible, con cinco horas de ida y cinco de vuelta, ¿échele la cuenta? Y, por cierto, el vicepresidente viajó por separado. * * * Finalmente la prensa estadounidense comenzó a ocuparse de lo que ocurre un poco más allá de la frontera sur. Francamente no sé si el “The New York Times” haya publicado ya en su primera plana algo sobre los 20 o más cuerpos encontrados decapitados en sólo un mes o los 6 mil ejecutados el año pasado durante enfrentamientos entre narcos, o sigan siendo notas de interiores. De lo que sí estoy seguro es de que algunas cadenas de cable han comenzado a ocuparse de lo que está ocurriendo en México y de la indiferencia, hasta ahora, por parte del gobierno de Estados Unidos. Lo que me llamó la atención, sin embargo, es lo que algunos comentaristas, como Glen Beck, sugieren que el gobierno haga. No piden que se combata a quienes desde Estados Unidos trafican armas a México o que se luche por disminuir el consumo y la adicción a las drogas en su propio país. Lo que piden a gritos es que se selle la frontera sur, ya que creen que el crimen organizado puede salir victorioso en la lucha que se libra en México y generarse una oleada de gente que ya no sólo cruce hacia Estados Unidos en busca de trabajo o mejores oportunidades, sino para salvar sus vidas.
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