|
Muchas de las razones que dan aquellos que están felices tras convertirse en ley la reforma sanitaria son muy válidas. Hay, sin embargo, una a la que por más que le doy vueltas no acaba de convencerme. El problema es que, sin tener una explicación clara sobre el porqué no acepto esa razón en particular, corro el riesgo de pasar como una persona egoísta y hasta cruel. Lo que pasa es que me cuesta trabajo aceptar la idea de que todo estadounidense debería tener derecho a medicina gratis. Pude haber utilizado el mismo argumento que aún hoy en día presentan aquellos que se opusieron fervientemente a la medida: los fundadores de esta nación jamás incluyeron como un derecho constitucional el cuidado médico. Pero tras echarle una buena pensadita, se me ocurrió que la mejor manera de exponer por qué creo que los críticos de la nueva ley en parte tienen razón es enlistando una serie de cosas a las que, si a esas vamos, entonces también deberíamos de tener derecho. A la educación, por ejemplo, ya se nos da, pero qué tal a un trabajo. ¿Por qué tenemos que competir por uno? El gobierno, si ya pagó por nuestra educación, pues que nos haga el favor completo y nos ofrezca una chambita a todos, aun si no estamos calificados para ella. Ahora bien, ya no deberían de construir más albergues. Algunos dirán que otro derecho debería de ser a un techo y a una cama. Pero por qué conformarse con eso. Que el gobierno nos dé a todos una casa con calefacción y aire acondicionado, y con un baño en el que jamás falte el agua caliente y potable. El tío Sam también nos debería dar un vale mensual para comprarnos ropa. Todo habitante de este país debería tener el derecho a cuando menos un cambio diario de ropa limpia. Y, por último, por supuesto todo estadounidense debería tener el derecho a tres comidas diarias, por cierto, perfectamente bien balanceadas. Que se construyan comedores gubernamentales donde se sirvan desayunos, almuerzos y cenas sabrosas, calientitas y muy nutritivas, o que extienda el programa de estampillas de comida a los 300 y pico de millones que somos. Seguramente usted pensará en muchos otros derechos que deberíamos tener. Pero, por favor, también piense en esto: Si Estados Unidos es aún el país más poderoso del mundo, y al que muchos extranjeros quisieran emigrar, es porque su gobierno ha entendido que una de sus funciones principales es la de dar a todos y a cada uno de los que nacen o ponen pie en esta tierra la libertad de decidir por sí mismos lo que más les conviene. El verdadero sueño americano es la oportunidad que nos brinda el gobierno de salir adelante por cuenta propia, sin su intervención y sin que se nos impongan limitaciones. Es vivir en un país donde se me permita trabajar donde y para quien yo quiera; un país donde gracias a mi esfuerzo, dedicación y la toma de buenas decisiones pueda llegar a lo más alto; un país que no me diga dónde debo vivir, qué casa puedo tener o cuánta ropa puedo comprar. Es vivir en un país donde pueda comer lo que me plazca y en un país que me permita ganar todo el dinero que pueda, para así pagar por mí mismo la póliza de un seguro médico y poder visitar al doctor que yo escoja y atenderme en la clínica u hospital de mi preferencia. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
|
|