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Jamás he vivido en Ciudad Juárez. De hecho, nunca he estado en el estado de Chihuahua. Sin embargo, no creo que lo que tiene a los juarenses viviendo en pánico día a día sean nada más los raterillos, como dice Sabina Berman en el artículo de la revista Proceso que EL HISPANO publicó la semana pasada. Doña Sabina, que si Google no me falló, es dramaturga y poeta, entre otras cosas, parece estar indignada con el presidente de México, Felipe Calderón, por no aceptar la oferta del narco de encargarse de la seguridad de esa ciudad a cambio de que se le deje transportar libremente la droga por territorio mexicano. Y es que para la señora, el problema de la drogadicción en México no es tan grave. Después de todo, dice, sólo uno de cada 200 mexicanos “sufre la tortura de la adicción”. Molestarse porque el gobierno se niega a convertir al crimen organizado en el Supermán de la población es una aberración. Es la opinión de personas como Berman, quien supongo que en su afán por escribir en prosa se aventó la puntada de dramatizar el robo militar de mermelada y pan Bimbo, lo que dificulta la tarea de los soldados que, por más que le duela a la escritora de teatro, son los buenos de la obra. Es gracias a gente como ella, quien asumo cree ser toda una intelectual, por lo que muchos, que no comparten ese “intelecto’, pintan a todos los soldados y a todos los policías con la misma brocha que a delincuentes y criminales. Es cierto que dentro del ejército y cuerpos policíacos hay muchos elementos malos y corruptos. Pero nada en comparación con el crimen organizado. Ahí sí todos son malos y corruptos. Es requisito, pues. * * * Ojalá que usted haya sido uno de los 27.6 millones de televidentes que vieron el partido por el oro en el hockey olímpico. No hizo falta entender las reglas para apreciar la intensidad y la emoción del encuentro. Ahora sólo espero que la NHL se olvide de la absurda idea de ponerle fin a la participación de sus jugadores en Juegos Olímpicos. “Es un dolor de cabeza interrumpir la temporada”, había dicho el comisionado, Gary Bettman, a quien después vimos disfrutando de los encuentros en primera fila, y alzándose el cuello y brindando con champagne la superioridad de su liga. Si a la NHL le interesa que cada vez más estadounidenses se conviertan en aficionados a este magnífico deporte, quizá a lo que se debería poner fin es a la carrera de Bettman. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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