|
Muchos se preguntan qué habría pasado si el profesor de matemáticas y miembros del personal de la secundaria Deer Creek no hubieran sometido al pistolero el martes. Dudo que tenga que explicar la respuesta. Sin embargo, la pregunta no es qué habría sucedido, sino qué debemos hacer para que el profesor David Benke no tenga que realizar otro acto heroico. Un día después de que se suscitara un tiroteo a la salida de esta escuela, irónicamente ubicada en la calle W. Columbine Drive, nos enteramos de que el sospechoso es un hombre mentalmente enfermo y con antecedentes penales. Las autoridades dicen que fue gracias al entrenamiento que recibió el profesor, por lo que Bruco Strong Eagle Eastwood sólo pudo herir de bala a dos jovencitas. Estoy de acuerdo con el hecho de que la pronta reacción del profesor y dos de sus colegas impidió que el incidente se convirtiera en una auténtica tragedia. Pero como padre de un estudiante en preparatoria, y otro a punto de entrar a la secundaria, no me tranquilizaría ni siquiera saber que los profesores y personal de las escuelas son todos unos James Bond. No estoy sugiriendo que haga falta blindar las escuelas o tener a guardias de seguridad armados patrullando las puertas o las horas de entrada y salida. -Creo que con detener el letrero de “STOP”, ya tienen sus manos llenas-. Pero tampoco creo que el problema sea la falta de control de armas. (Aclaro que soy enemigo de las pistolas, de la segunda enmienda y para nada simpatizo con el NRA, la Asociación Nacional del Rifle). Pese a ello, un mejor y más estricto control de armas de fuego tampoco habría evitado el susto. Siento decirle que si un individuo quiere hacerse de una pistola, un rifle de asalto o hasta de una metralleta, la va a conseguir de una u otra manera. Sea legalmente de una armería o de K-Mart, del mercado negro en algún callejón obscuro de la ciudad o, como fue el caso, del armario de su padre, si de lo que se trata es de armarse para hacer daño, nada lo detendrá. Lo que hace falta es una reforma al sistema jurídico y cuerpos policíacos competentes. Porque ¡ah cómo la tienen fácil los delincuentes! Como en el caso del inmigrante guatemalteco Francis Hernández, Eastwood tiene un récord penal que, si yo fuera procurador, habría hecho todo lo posible para que estuviera en la cárcel o internado en un hospital psiquiátrico. (Eastwood ha de sufrir de esquizofrenia, ya que según su mismo padre oye voces). Desde 1996 este hombre de 32 años se ha dedicado a delinquir. En el pasado ha sido arrestado por asalto, amenazar con un arma de fuego, conducta desordenada, no presentarse a una corte, ser fugitivo, mala conducta en una corte, conducir bajo la influencia del alcohol y, según archivos públicos, muchas otras infracciones de tránsito. Como puede ver, las preguntas más bien deberían ser estas: ¿Por qué Bruco estaba libre? ¿Tenía a un oficial encargado de supervisar su libertad condicional? ¿De jodida estaba bajo libertad condicional? Llegó la hora de que las autoridades dejen de reaccionar, y comiencen a prevenir. ¿Como se dirá en inglés, más vale prevenir que lamentar? * * * Es probable que a sólo unos cuantos les interese lo siguiente, lo cual por cierto lo dedico a todos aquellos que en la ya desaparecida pista Skatorama, en mi querido México, vivían con los codos y caderas adoloridos de tantas caídas intentando completar un axel. Pero es que, como se dice por estas tierras, “what a baby” es Evgeni Plushenko. La estrella del patinaje artístico ruso sin duda será recordado como uno de los mejores del mundo, pero si en Vancouver se tuvo que conformar con la medalla de plata, fue porque Evan Lysacek esa noche patinó mejor. Plushenko, sin embargo, está tan convencido de que se merecía la cima del podio que anunció en su portal de Internet que se auto otorgaba la medalla de platino. En su página aparece la leyenda: “Plata en Salt Lake, Oro en Turín y Platino en Vancouver”, y una foto, lo que me parece aún más ridículo, con la medallita de platino bien colgada alrededor de su cuello. La queja de Plushenko, desde que el estadounidense le arrebató el oro que había ganado hace cuatro años, ha sido que él, habiendo completado un salto cuádruple, merecía repetir como campeón olímpico. Lysacek se limitó a triples, o sea a saltos de tres revoluciones. Tras su decepcionante actuación, el mal perdedor dijo que el oro sin cuádruples significa un retroceso para el deporte, porque el patinaje es una actividad atlética y no sólo artística. En parte le doy la razón a Plushenko, pero tras verlos a ambos, y sin saber aún el resultado, supe que Lysacek daría la gran sorpresa porque, a pesar de que el ruso había completado las cuatro revoluciones en el aire, en su rutina lució desganado, tuvo problemas con una combinación y en el último minuto no incluyó ningún salto, lo que me dice que su condición física no era la misma de antes. Y, además, por más impresionante y muestra de atletismo que sea el ver a un tipo elevarse y dar cuatro vueltas antes de aterrizar sobre una cuchilla de milímetros de ancho, el deporte sigue siendo llamado patinaje artístico, no acrobático. Espero que Plushenko y Vladimir Putin, quien aparentemente además de político es un experto en el deporte, disfruten de la medalla fantasiosa y la caja de Kleenex que les voy a mandar. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
|
|