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Imagínese qué pasaría si en los Juegos Olímpicos de Invierno la regla del hockey sobre hielo cuando uno de los equipos más débiles se enfrente a Canadá, el favorito para llevarse la Medalla de Oro en Vancouver, fuera la siguiente: - Los jugadores canadienses deberán quedarse completamente quietos, así como cuando se juega a las estatuas de marfil, tan pronto su rival tenga posesión del puck. ¿Cree que sería justo? La buena noticia, sin embargo, es que esta injusticia no pasaría de ser una simple derrota canadiense en una justa deportiva. Nada, en comparación con el peligro en el que se ha puesto a los soldados estadounidenses en Afganistán con el cambio de las reglas de combate. En Afganistán, los soldados estadounidenses y de la OTAN han quedado tan impotentes en el campo de batalla como lo estarían los jugadores de Canadá sobre el hielo. Las conocidas en inglés como “rules of engagement”, ordenadas por el general Stanley McChrystal, los tienen combatiendo con las manos atadas porque rutinariamente se les prohíbe disparar contra el enemigo. Algunos soldados estadounidenses han dicho que comenzaron su última ofensiva en Afganistán con una clara desventaja. El propósito de estas nuevas reglas de combate es evitar al máximo la muerte de civiles, de gente inocente que de repente se encuentra entre un fuego cruzado. Entre menos víctimas haya, más difícil será para el Talibán reclutar milicianos, dice McChrystal. Pero a pesar de que es una muy buena y noble razón, el costo es muy alto para nuestros soldados. Por supuesto que los detalles de cuáles son estos nuevos lineamientos se mantienen en secreto. Es información clasificada dizque para mantenerla fuera del alcance de insurgentes. Sin embargo, es obvio que el Talibán no necesitó mucho tiempo para aprender a usarla a su favor. Soldados estadounidenses no pueden disparar contra nadie que no porte un arma, por ejemplo. Incluso tras un tiroteo entre soldados e insurgentes, cualquier miliciano que salga desarmado de su escondite sabe ahora que tranquilamente puede caminar hacia un grupo de personas y mezclarse entre la multitud, porque los soldados tienen estrictamente prohibido dispararle o arrestarle a menos que personalmente lo hayan visto soltar su arma. Y si no hubo un tiroteo, bueno, “hemos visto repetidamente cómo hombres tiran sus metralletas en zanjas y como si nada continúan caminando por la calle”, dijo el comandante de uno de los pelotones estadounidenses. Los soldados han sido entrenados para disparar en cuanto ven movimiento durante un tiroteo, pero ahora tienen que ver a la persona y, por lo regular, dicen algunos, cuando la identifican ya no está armada. Por otro lado, aun en medio de una ráfaga de balas, tampoco pueden contar con apoyo aéreo inmediato, ya que antes de disparar por aire también debe verificarse que se trata de un blanco enemigo y, según reporte, eso toma mucho tiempo. Lamentablemente, dudo que las reglas puedan cambiar pronto y, menos, después de que la semana pasada dos cohetes estadounidenses mataran a 12 civiles durante una ofensiva aérea en Marjah, y uno de la OTAN acabara con la vida de cinco e hiriera a dos en la provincia de Kandahar. En este momento, la misión es más política que militar. A pesar de que el ejército de EU reconoce que ha dejado vulnerables a sus tropas, insiste en que para quitarle el control de Afganistán al Talibán, no hace falta matar insurgentes, sino ganarse el apoyo y la confianza del pueblo afgano. Lo irónico, es que el Talibán insiste en que para mantener el control del país asiático hay que matar soldados estadounidenses, porten o no porten armas.
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