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Si la policía anunciara que dejarán de vigilar un banco en 18 meses o hasta que vean que nadie intenta meterse a robarlo, lo más probable es que los rateros pacientemente se esperen a que llegue la fecha de retirada para hacerse del botín. O qué tal si la Patrulla Fronteriza dijera que enviará más agentes a las fronteras, pero que las abandonará en año y medio o cuando note que cada vez son menos los que buscan cruzarlas ilegalmente. ¿No creé usted que muchas personas se esperarían a que las autoridades se vayan tras confiar en que ya cumplieron con su cometido?. Sin embargo, a pesar de lo absurdo que sonarían tales planes para un banco o las fronteras, prácticamente este es el nuevo plan de Barack Obama para Afganistán. Bastó hacer la pregunta en Facebook sobre si fue un error que don Barack anunciara la fecha de retiro para obtener reacciones como estas: “Ya mejor que les avisen a los talibanes a qué hora llegan y qué rutas van a tomar, y de paso que les den las coordenadas de las bases militares”. “No, si el propósito es decirle al Talibán exactamente cuánto tiempo deben mantenerse al tiro antes de que nos vayamos”. Y, entre otras más, un simple “Sí”, dicho por un veterano de la guerra de Irak y padre de un joven Marine recientemente enviado a Afganistán. Obviamente, y para ser justos, hubo quienes no piensan que sea tan grave haber anunciado que nos vamos en julio de 2011, y señalaron que hay que dejar que el presidente haga su trabajo. En mi opinión, Obama se merece un aplauso por haberle hecho medio caso al general McCrystal y anunciar que le enviará tres cuartas partes de las tropas que solicitó, aun echándose encima al ala liberal de su partido, y otro aplauso por reconocer las amenazas que representan Al-Qaeda y el Talibán para la estabilidad de la región, nuestros aliados y nosotros mismos. Pese a ello, sigo sin comprender la decisión de anunciar la fecha de salida. Porque si es para presionar a que Hamid Karzai, que por cierto Obama reconoció que ganó tras elecciones fraudulentas, deje de estar sentado en sus laureles esperando a que los “gringos” lo resuelvan todo, pues que se lo diga a él en privado. Por otra parte, estoy de acuerdo con la observación de Bill O’Reilley sobre el hecho de que en su discurso, el cual tampoco entiendo porqué necesitó de tres meses para darlo, no hubo firmeza, contundencia o, mínimo, pasión al momento de advertirle al fundamentalismo islámico que no vamos a permitir que nuevamente convierta a Afganistán en su santuario. Obama utilizó un tono tan suave que uno que otro cadete estaba a punto de quedarse dormido y hasta la misma Hillary parecía que estaba pestañeando. No sé, quizá haya sido porque al estar a unos cuantos días de recibir su Premio Nobel de la Paz, don Barack ha de haber creído inoportuno alzar la voz o golpear el estrado. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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