|
Es vergonzoso para un pueblo cuando su presidente rompe todo protocolo y se pone, por ejemplo, a jugar a las escondidillas en un lugar sagrado. ¿O qué tal cuando recibe literalmente con los brazos abiertos a quien no se le debe abrazar? Si no me cree, pregúntele a cualquier mexicano con tantita educación si no quería a su vez buscar un escondite tras enterarse de lo que anduvieron haciendo Vicente Fox y sus hijos en la Ciudad Perdida durante una visita oficial a China. Y qué decir de lo que habrán sentido los venezolanos cuando el camarada Hugo Chávez recibió a Isabel II de Inglaterra con un “échese pa’cá mi reinita”. Sin duda tanto Fox como Chávez demostraron que, además de su falta de sentido común, no tienen educación alguna o noción de lo que significa ser respetuoso. Sin embargo, tan vergonzoso como es que un presidente saque a relucir el cobre, también lo es que, por el afán de ser muy respetuoso, caiga en una sumisión total. Barack Obama, el hombre que hace apenas una semana fue nombrado el más poderoso del mundo por la revista Forbes, quedó otra vez como súbdito de la realeza. Siete meses después de inclinarse ante el Rey de Arabia Saudita, el presidente de Estados Unidos vuelve a agacharse, esta vez ante el emperador Akihito, de Japón. Yo entiendo que Obama no hizo otra pronunciada reverencia porque sea un agachón o se sienta inferior, sino porque pretendía ser respetuoso y le quiere seguir cayendo bien a mi mamá gracias a esa aparente sencillez y humildad. La realidad, no obstante, es que Obama insiste en sacar a relucir su inexperiencia. Ya tras el episodio en abril con el árabe, quedó más que claro que el protocolo para momentos como el encuentro entre un presidente de Estados Unidos y el miembro de una casa real establece que se debe llevar a cabo en un plano de absoluta igualdad. A lo mejor a Obama no le llegó el “memo” y, pues ahora, debe aguantarse. Tan pronto llegó la foto de don Barack con Akihito y la emperatriz Michiko, más tardó el presidente en recuperar la postura que en hacerse escuchar las voces de indignación por todo el país. The Washington Times, por ejemplo, calificó la inclinación de Obama como “una impactante muestra de sumisión ante un potentado extranjero”, y añadió que el gesto constituyó una violación a los siglos de tradición estadounidense de no condescender o mostrarse inferior ante la realeza. Otros, por su parte, subrayaron que además de nada sirvió la sumisa reverencia, ya que Japón agradeció la visita y el “gestito” del mandatario estadounidense pidiéndole que abandone la base militar americana de Okinawa, la más importante de Estados Unidos en el Pacífico. Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
|
|