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Roberto Martinez
Saboreando la Noticia

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En mi natal México, lo que aquí se ha propuesto como la opción pública dentro del plan de reforma al sistema de salud ya existe. El Instituto Mexicano del Seguro Social (el IMSS, como se le conoce por sus siglas), cuenta con una infinidad de hospitales y clínicas por todo el país que atienden fundamentalmente a trabajadores registrados por sus empresas, pero también prácticamente a quien sea, sin cobrarles un solo centavo, especialmente si se trata de una auténtica emergencia.

Existen, asimismo, hospitales y clínicas dependientes de la Secretaría de Salud, a los que todo mundo tiene acceso gratuito, sin importar su situación económica. Es decir: si algún ricachón quiere ser atendido en uno de esos hospitales (algunos de ellos reconocidos en el mundo por su alto nivel de especialización) o clínicas, en los que, como usted ya se habrá imaginado, no existen las comodidades o lujos de los hospitales privado, es bienvenido.

Tras analizar el lunes en nuestro programa de radio el plan demócrata aprobado el sábado en la Cámara Baja, el cual incluye la opción pública, me puse a pensar que si en México, a pesar de que se ofrece cuidado médico subsidiado en un ciento por ciento por el gobierno, no todo mexicano se acerca a las clínicas u hospitales públicos para atender sus enfermedades o incluso tras una emergencia, no deberíamos temer que en Estados Unidos ocurriría lo contrario, o sea que todo estadounidense, aun con los recursos para pagar una póliza privada de seguro médico, recurriría a la opción pública.

Obviamente, sé que un sistema a la mexicana no funcionaría aquí simple y sencillamente porque en Estados Unidos, a diferencia de México, la mayoría de la población sí se acercaría a las clínicas y hospitales públicos, provocando, diga lo que diga don Barack, un alza de impuestos para poder cubrir los millones de millones de dólares que esto costaría.

Mire, en México puede haber hospitales del gobierno que atienden por cacahuates porque los mexicanos somos muy especiales. No hay duda de que en mi hermoso país la atención médica en el IMSS o en instalaciones públicas de salud es de primera, aunque sin lujos y olor a desinfectante. Pese a ello, para muchos de mis paisanos eso no es lo más importante. Los adinerados, o los que pretenden ser parte de “la creme de la creme”, por ejemplo, se niegan a ser vistos entrar o
salir del IMSS por cuidar su lugar dentro de la sociedad mexicana. Digo, es una auténtica sangronada, pero es la mera verdad. El estadounidense, incluyendo al de la “high class”, no se da tanto su taco y prefiere mil veces cuidar su bolsillo antes que su imagen.

De ahí que en Estados Unidos, sin importar a lo que huelan, o las condiciones en las que terminarían las clínicas u hospitales públicos, es posible que hasta el mismo Bill Gates aceptaría operarse en una de éstas si el Tío Sam es quien suelta la lana para pagar la cuenta.

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