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Los expertos políticos dicen que las elecciones de medio mandato, o sea las que ocurren exactamente a la mitad del ciclo presidencial, son las que realmente se usan para calificar el desempeño del presidente y miembros de su partido. Si los republicanos se gozan ahora en subrayar que lo que ocurrió el martes fue un súper gancho al hígado contra la administración de Barack Obama y el Partido Demócrata por el triunfo en dos estados, la culpa la tienen el mismo Obama y sus asesores. La victoria republicana en las contiendas gubernamentales en Nueva Jersey y Virginia no tiene más que un significado simbólico que, cuando mucho, podrá interpretarse como una probadita de lo que podría ocurrir en noviembre de 2010, cuando ahí sí en más de 16 estados de la nación se votará por gobernador, y varias senadurías y todas las curules en la cámara baja estarán en disputa. En las elecciones presidenciales de noviembre del año pasado, Nueva Jersey y Virginia se inclinaron abrumadoramente a favor de Obama. Por miedo a un revés un año después, lo cual terminó ocurriendo de cualquier manera, la Casa Blanca se dedicó a hacer campaña en pro de los candidatos demócratas en estos dos estados. Grave error. Al don Barack lanzarse tan agresivamente detrás de Jon Corzine, en Nueva Jersey y R. Creigh Deeds, en Virginia, permitió que republicanos le dieran importancia de más a un año sin elecciones nacionales. Lo que ocurra en dos estados, y con menos de un año de mandato, no puede reflejar la aprobación o rechazo de todo el país a la que aún es una muy joven administración. Los republicanos lo saben, pero quién los puede culpar por aprovechar el globito que les pichó Obama. * * * Jamás he negado que simpatizo con la manera de pensar de la derecha política cuando ésta rechaza la intromisión del gobierno en las vidas de ciudadanos. En el tema de la reforma sanitaria, por ejemplo, he expresado en numerosas ocasiones mi preocupación por brindarle al gobierno tanto control y el derecho a que tome decisiones en un asunto tan delicado como lo es el cuidado médico de cada persona. Sin embargo, sigo esperando a que los republicanos propongan una alternativa a lo presentado por demócratas. Digo, porque decir que “se puede adoptar una serie de medidas como la de permitir que las familias y empresas puedan comprar seguros de salud en un estado distinto a aquel en el que residen; que se permita que los consumidores, las pequeñas empresas y las asociaciones gremiales se reúnan y adquieran seguros de salud a menor precio de la misma forma en la que lo hacen las grandes empresas; dar a los estados las herramientas para crear sus propias reformas innovadoras que reduzcan los costos del cuidado de salud o acabar con los juicios innecesarios que contribuyen al aumento de los costos del cuidado de salud gracias a la cantidad de exámenes y procedimientos que los médicos piden a veces, no en beneficio del paciente, sino por temor a ser demandados”, lo he sugerido yo, que, créame, gano mucho, pero mucho menos que el líder republicano en la cámara de representantes, John Boehner. Llegó la hora de que la derecha deje de criticar por criticar y se ponga a trabajar en un plan que diga cómo llevar a cabo todo lo que se le “ocurrió” a Boehner. Porque una cosa es decir que hay que permitirle a una familia de Colorado comprar una póliza de seguros en Indiana, por ejemplo, y otra establecer los mecanismos para llevarlo a cabo. Es muy fácil decir que es necesario acabar con los juicios innecesarios, y otra determinar cuáles demandas son frívolas. Para decir lo qué hay que hacer, nos pintamos solos comentaristas y columnistas. Cómo hacerlo es otra cosa, pero por eso les pagamos tanto a los políticos, ¿no? Email: saboreandolanoticia@yahoo.com
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